Oscuros nubarrones en Occidente
Las evaluaciones oficiales y los sondeos de opinión difundidos en la UE y en EE.UU. describen un panorama socioeconómico sobrecargado de decepciones y temores.
Por amarga ironía, la Unión Europea (UE) había declarado a 2010 como "Año europeo de la lucha contra la pobreza y la exclusión social" y han sido los peores 12 meses que vivieron los europeos desde que los tratados de Maastricht crearon ese espacio económico, en 1991. La crisis creada por el estallido de la burbuja inmobiliaria estadounidense dejó al desnudo falencias estructurales. Mientras millones de personas buscan con desesperación reincorporarse a las fuerzas del trabajo, otras dos graves cuestiones desvelan a sus gobernantes: los riesgos de desintegración de la alianza y la quiebra de las esperanzas de transformar al euro en la moneda de referencia del comercio internacional. Hoy eso no sólo está bastante alejado del horizonte de los próximos años, sino que algunos de los 17 países miembros de la eurozona (en particular, Grecia, Portugal y más recientemente España) están evaluando con la mayor severidad la posibilidad de restablecer sus antiguas monedas y abandonar una divisa que consideran sobrevaluada y, por consiguiente, lesiva para sus intereses en el comercio mundial. Algo que, a la vuelta de los días, vendría a dar la razón a los euroescépticos, con Gran Bretaña a la cabeza, que rechazaron al euro por esa razón.Las conclusiones de un sondeo de opinión realizado por el Eurobarómetro de la UE describen un penoso panorama. La mayoría de los ciudadanos europeos viven hoy acosados por dos espectros: una percepción de pobreza generalizada y el temor creciente a la pérdida del empleo. El 60 por ciento de los entrevistados piensa que la pobreza aumentó en su país durante el último año, un nivel que llega al 85 por ciento de los griegos, el 83 por ciento de los franceses, el 82 por ciento de los búlgaros, el 77 por ciento de los rumanos o el 75 por ciento de los italianos. La decepción ha golpeado también, de alguna manera, a los estadounidenses. En la primera semana de este mes, y en su informe anual ante el Senado, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, advirtió que la creación en diciembre último de 297 mil empleos netos (el ritmo de contratación más alto nunca visto en este indicador, que ya registra 11 incrementos consecutivos) es insuficiente para aliviar el drama social y económico que provocó la crisis. Y predijo que el problema del desempleo (14,5 millones de personas sin trabajo, y de ellas, más del 44 por ciento son de larga duración) demandará por lo menos cinco años más antes de descender a un nivel aceptable. Queda un largo camino por recorrer antes de arribar a la normalidad virtual del reciente pasado. Pero la marcha no será apacible, porque en el horizonte siguen pesando oscuros nubarrones que anuncian nuevas tempestades. La peor de todas ellas, una "guerra de devaluaciones", que causaría un descalabro aún mayor en las economías de Occidente.

