Multiplicar el buen ejemplo
El mensaje de cualquier campaña de concientización social se pierde si quienes lo recibimos no lo adoptamos como rector de nuestras propias conductas y nos convertimos en sus nuevos difusores.
Alumnos de sexto año de una escuela pública de la ciudad de Córdoba fueron los actores principales de una campaña de concientización sobre la trata de personas, desplegada a través de varios instrumentos. Interactuaron con los ciudadanos en la plaza San Martín; realizaron intervenciones escénicas; produjeron un audiovisual que proyectarán en las escuelas.Ellos eligieron el tema. Consideran que "gran parte de la población piensa en este flagelo como algo lejano que no les pasará a ellos; sin embargo, está presente más cerca de lo que se cree" de cada uno de nosotros.La campaña se inscribe en las prácticas escolares que estos jóvenes realizan en la Defensoría del Pueblo, en el marco de un proyecto de intervención socioeducativo. Tanto ellos como la institución que los cobija nos han mostrado a todos cuánto se puede hacer con muy poco, en pos de una mejor sociedad. Podríamos hacer una extensa lista de los grandes problemas sobre los cuales debemos tomar conciencia si de verdad queremos dejarlos en el pasado como un mal recuerdo: el abuso de sustancias en los adolescentes, la violencia de género, la homofobia, la exclusión de los discapacitados, las conductas de riesgo de conductores de vehículos y peatones, la pobreza.Podríamos hacer otra casi interminable lista con las instituciones que podrían colaborar con quienes deseen convertirse en agentes de cada una de las campañas que nos concienticen sobre todos esos temas: cada uno de los poderes del Estado, por supuesto; las asociaciones profesionales; las cámaras empresariales; las organizaciones sindicales; los distintos cultos religiosos; los establecimientos educativos de todos los niveles; los medios de comunicación.Si todos nos propusiéramos trabajar en pos de un objetivo semejante, en muy poco tiempo reuniríamos a los que dispongan el tiempo para protagonizar la campaña respectiva con quienes tengan la creatividad necesaria para configurar el mensaje por transmitir y quienes puedan aportar el dinero indispensable para hacer realidad el proyecto.Si nos comprometiéramos con un objetivo de ese tipo, en poco tiempo alumbraríamos una nueva cultura ciudadana. Cómo no pensar que podríamos vivir mejor si nos involucrásemos en una red de iguales donde los ciudadanos nos concientizamos unos a otros sobre distintas problemáticas sociales que nos atañen a todos, y entre todos nos cuidamos y nos estimulamos para cambiar los hábitos que sean necesarios.El mensaje de cualquier campaña de concientización social se pierde si quienes lo recibimos no lo adoptamos como rector de nuestras propias conductas y nos convertimos en sus nuevos difusores. Por eso, estos chicos nos dan el ejemplo y nos necesitan a todos.

