Mejor, en otra oportunidad
El voto optativo a partir de los 16 años no es prioritario y debe rechazarse de plano la posibilidad de que sea utilizado como instrumento para ganar elecciones por el oficialismo.
La idea de establecer el voto optativo para los jóvenes a partir de los 16 años resulta positiva si se la toma como una ampliación de los derechos de quienes, pese a su corta edad, piensan en los problemas de su país, se preocupan por el futuro y buscan participar de decisiones tan importantes como la elección de gobernantes y legisladores. El hecho de que el voto desde esa edad sea optativo ayuda a quienes aún no se sienten capacitados para votar. Es razonable: en la legislación argentina la obligatoriedad del voto rige cuando se adquiere la mayoría de edad plena.Hay que tener en cuenta, no obstante, diversos factores. Si bien el nivel de educación no es equivalente al de conciencia política –de lo contrario, los analfabetos no podrían votar–, el hecho es que la sociedad argentina no ofrece a los adolescentes muchos espacios de formación cívica fuera de las aulas. Entonces, ¿es lógico que chicos de 16 años voten cuando la realidad indica que en la escuela secundaria el grado de repitencia, atraso y deserción es tan alto?Las opiniones están muy divididas al respecto y hay quienes se preguntan si el voto a partir de los 16 años es una prioridad o si hay otras mucho más urgentes, como ratificar la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes (http://bit.ly/bz6seM), firmada el 11 de octubre de 2005 en la ciudad española de Badajoz y aún no convalidada por el Gobierno argentino.Un aspecto a considerar es que son muy pocos los países que admiten el voto de quien aún no llegó a la mayoría de edad: en América, lo admiten Cuba, Nicaragua, Ecuador y Brasil; en Europa, lo hacen Eslovenia, sólo si tienen actividad remunerada, y Austria; en el resto del mundo, Irán, desde los 15, Chipre, desde los 16, e Indonesia, desde los 17. Bolivia, Chile y el Reino Unido analizan el tema.Se trata, entonces, de un tema que merece ser estudiado y debatido a fondo, por lo que no es prudente ni aconsejable un tratamiento legislativo de urgencia. Y, menos aún, que este apuro responda a necesidades electorales del oficialismo, vinculadas al propósito de reformar la Constitución para consagrar la posibilidad de reelección permanente.Si la idea es captar el voto juvenil-adolescente para avanzar sobre la Constitución, el proyecto es oportunista e improcedente y merece el rechazo de toda la sociedad. Si no es ese el propósito, bueno sería que la norma se analice con tiempo y, en caso de ser aprobada, rija desde la asunción del próximo gobierno.El copamiento ideológico de la juventud es un objetivo del oficialismo actual, patente en las acciones de adoctrinamiento de la agrupación kirchnerista La Cámpora en las escuelas secundarias. Este proyecto de ley apunta en la misma dirección. No por nada los partidos opositores, organizaciones intermedias y algunos sectores del oficialismo manifestaron su oposición a una iniciativa cuyo debate requiere otro tiempo y otro contexto de maduración.

