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Marisol nos interpela a todos

Rendir nuestras asignaturas pendientes es un imperativo moral del que no deberíamos desentendernos. Para que la familia Oviedo no siga librando una lucha solitaria y despareja, y para que Marisol descanse en paz.

17 de enero de 2013 a las 12:01 a. m.
Marisol nos interpela a todos

El desdichado final de Marisol Oviedo, tras una serie de vicisitudes meticulosamente narradas por los medios a lo largo de todo el proceso que llevó a modificar la reglamentación de la Ley de Trasplantes, merece una atenta consideración. Esto, si asumimos que ninguna muerte puede resultarnos del todo ajena, y mucho menos si, como en este caso, ella nos interpela a todos y cada uno. Sólo para no perder los necesarios anclajes, debería recordarse que los Oviedo lucharon a brazo partido contra un marco legal que no admitía la figura del donante vivo. De hecho, debieron viajar a Brasil para concretar una intervención imposible en Argentina en ese momento. El saldo de una batalla legal librada en varios frentes trajo el resultado hoy conocido, que abrió puertas y obligó a reconsideraciones diversas. Se modificó el marco legal para otros cambios que en el futuro, con seguridad, resultarán menos arduos y, esperemos, menos crueles. Pero sería miope limitar la mirada a esos detalles centrales, pero no excluyentes. ¿Cómo no poner bajo análisis nuestra participación individual y colectiva en el caso Oviedo? Sin ceder a la tentación de reflexiones culposas, las que suelen imponerse en este tipo de acontecimientos, el espinoso tema de la donación de órganos en la Argentina queda expuesto como una asignatura pendiente. Una más en un país que siempre adeuda materias, y vive escapando de las mesas examinadoras. Treinta años atrás todo parecía indicar que la sociedad respondería positivamente tras un debate que incluyó no pocos ingredientes religiosos y éticos. El futuro se mostraba entonces promisorio, tanto como no lo es el presente. Sin el facilismo de adjudicar responsabilidades, puede asumirse que el esfuerzo no ha tenido la continuidad ni la intensidad deseadas. Pruebas al canto: datos recientes publicados por este mismo diario dicen que, a nivel nacional, un 46 por ciento de las familias argentinas se niega a la donación de órganos de un familiar en condiciones de hacerlo y, en el plano local, un 56 por ciento. Que los cordobeses seamos más refractarios a la idea de donar órganos que otros argentinos merecería otro análisis. Pero las cifras son contundentes: estamos, apenas, en la mitad de la cuesta, cuando pensábamos que ya habíamos realizado la parte más dura del trayecto. Marisol Oviedo ha muerto, y nada que hagamos modificará esa cruda realidad. Sin embargo, de nosotros depende que su final sea el comienzo de algo o hacernos a la idea de que habrá otros casos similares, por aquello de que las lecciones no aprendidas nos condenan a la repetición del error. Rendir nuestras asignaturas pendientes es un imperativo moral del que no deberíamos desentendernos Para que la familia Oviedo no siga librando una lucha solitaria y despareja, y para que Marisol descanse en paz.