Los desafíos del presidente electo
Mauricio Macri deberá afrontar duros desafíos para cerrar el ciclo kirchnerista, que deja logros sociales, pero una profunda grieta entre los argentinos y una pesada herencia económica.
En una jornada electoral sin inconvenientes, Mauricio Macri fue elegido presidente para iniciar una nueva etapa a partir del 10 de diciembre próximo, la que deberá dejar atrás más de 12 años de gestión kirchnerista. El ciclo que concluye realizó un importante aporte en la continuidad de una política que valora los derechos humanos como parte esencial de la democracia, al tiempo que impulsó nuevas conquistas sociales, en especial para las personas adultas y la protección de niños y jóvenes.Por contrapartida, la presidenta Cristina Fernández alentó una profunda división entre los argentinos y deja una pesada herencia económica. Serán los primeros y más grandes desafíos de la futura administración. Es de esperar, no obstante, que facilite la transición institucional, sin provocaciones ni decisiones que desde ya corresponden al presidente electo.Mas allá de las palabras de unidad expresadas en medio del festejo, Macri tendrá que hacer una convocatoria sustancial para que los argentinos depongan –de modo constructivo– los antagonismos y odios incubados en los pasados años.La incertidumbre que plantea un mundo sacudido por los extremismos y las necesidades en la sociedad argentina no admite más peleas ni divisiones.Junto con ello, sobrevendrá el desafío de la gobernabilidad, ya que el nuevo presidente asumirá con un poder territorial repartido entre oficialistas y opositores, una Cámara de Diputados de la Nación en la que serán necesarios acuerdos básicos hasta para obtener cuórum y un Senado controlado por el kirchnerismo.El diálogo y la búsqueda de consensos mínimos se pondrán a prueba desde el 10 de diciembre para atender las demandas internas y el complicado frente externo que afronta la Argentina en cuanto a su inserción en un mundo que le ha ganado en competitividad en casi todos los terrenos. Un mundo, además, crecientemente complejo por el avance del terrorismo y por los desequilibrios regionales.Una política de expansión de la economía no puede descuidar la enorme situación precaria que atraviesan más de 10 millones de argentinos, además de que un tercio de la fuerza laboral se encuentra sometida a la informalidad, sin coberturas de salud y previsional garantizadas.La necesidad de un amplio acuerdo económico y social aparece como impostergable para asumir el desafío de corregir el descalabro en las cuentas públicas –que mostrarán un déficit inédito en la historia económica–, las escasas reservas reales en el Banco Central, la distorsión de precios relativos, con especial impacto en la cotización del dólar, y la política de tarifas en los servicios públicos y de subsidios a los sectores económicos.Es posible que las mieles de la victoria se agoten pronto y aparezcan los sinsabores de administrar una pesada herencia. Pero cualquier tarea no dará los frutos esperados si no se empieza por reconstruir el tejido social y alentar el reencuentro entre los argentinos.

