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Las clases deben empezar

El año lectivo debe empezar, y la ciudadanía reclama que maestros y profesores tengan sueldos dignos, por encima de los de los empleados públicos improductivos y burócratas sindicales.

27 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Las clases deben empezar

Entre mañana y el próximo martes comenzará el ciclo lectivo en la mayoría de las provincias. Como ocurre casi todos los años, no se sabe realmente si va a empezar, ya que en varias jurisdicciones los gobiernos y los docentes no han llegado a acuerdos salariales. En Córdoba, el tema será resuelto mañana en una asamblea del gremio docente mayoritario (UEPC), aunque se presume que la respuesta será favorable para iniciar las clases el 1º de marzo. Días atrás, el Gobierno nacional acordó con los gremios un aumento de 27 por ciento, que establece para el maestro de grado inicial un piso de 2.300 pesos a partir de marzo y de 3.340 pesos desde julio. Se conjeturó que ese acuerdo podría ser el punto de referencia para todas las provincias, pero algunas de las administraciones del interior no están en condiciones de otorgarlo, en tanto que en otras –como la de Buenos Aires– lograron cerrar un acuerdo recién en las últimas horas del viernes. Estamos al borde del inicio del ciclo lectivo, y aún no se sabe si empezará en forma normal en todo el país.Es verdad que la Nación tiene la posibilidad de subsidiar a las provincias que no estén en condiciones de sostener los sueldos docentes, como lo ha hecho en varias oportunidades, pero los subsidios no son inagotables, ya que requieren de un superávit fiscal sustentable en el tiempo.Hay, por otra parte, una falta de política educacional que incluya, entre otros rubros, remuneraciones para maestros y profesores que sean dignas y acordes con la tarea que éstos ejercen. Un maestro de grado que tiene que atender un curso de 30 alumnos no es un empleado público más, ya que tiene otra responsabilidad con la sociedad. Sin embargo, cualquier oficinista, de esos que pueblan las administraciones públicas de cualquier orden, generalmente gana más que un maestro, además de gozar de otras prebendas y privilegios. Esta situación, que viene desde hace décadas, resulta inaceptable en cualquier país que tenga una visión del futuro y quiera progresar material y culturalmente.El modelo educativo de Domingo Faustino Sarmiento, uno de cuyos objetivos fundamentales era "igualar para arriba", es decir, de incorporar a la mayoría de la sociedad a una vía de modernización a través de las escuelas, colegios y universidades, se ha desdibujado hasta tornarse irreconocible. Cuentan más los empleados públicos y los afiliados a los grandes sindicatos que los maestros y profesores, porque con aquéllos se pueden ganar elecciones y éstos casi no cuentan. Esta es la política seguida en los últimos años y el actual Gobierno nacional la ha cumplido a rajatabla, olvidando su proclamado progresismo. Por ello, nunca se sabe si las clases van a empezar y cuántos días de clase se van a perder a lo largo del año. Y la voz de orden de la ciudadanía es, por cierto, que las clases deben empezar.