La seguridad antes que nada
La iniciativa de mantener a toda costa el partido que deben jugar Boca y River en Córdoba es una apuesta peligrosa que no parece tener en cuenta la temperatura del clima social.
Cuando todavía se mantiene encendida la controversia por el abrupto y bochornoso final que tuvo el partido entre River Plate y Boca Juniors por la Copa Libertadores de América, una nueva edición del llamado "superclásico" se cocina en medio de fuertes intereses empresariales, deportivos y políticos. Se trata del encuentro de carácter amistoso previsto para el 9 de junio en el estadio Mario Alberto Kempes, de la ciudad de Córdoba.El partido fue confirmado por sus organizadores, aunque el paro nacional convocado por los gremios opositores al Gobierno central obligaría a trasladarlo al miércoles 10.La polémica queda servida. No está en discusión la posibilidad de que los cordobeses y muchos aficionados de provincias vecinas puedan disfrutar de un espectáculo futbolístico de enorme atracción popular.Lo que sí entra en un terreno de debate es el sentido de la oportunidad para escenificar un acontecimiento, aun con intenciones de confraternidad, luego del escándalo de repercusión mundial que se vivió en la Bombonera el pasado jueves 14.Un bochorno del que luego tomaron parte los propios jugadores y dirigentes de ambos clubes, con expresiones descalificadoras hacia uno y otro bando. Es decir, el clima de crispación no ha desaparecido, ni mucho menos.Frente a una situación de sensibilidad que excede lo deportivo y ante riesgos latentes en materia de seguridad, cabe el interrogante: ¿no es prudente posponer el Boca-River en el estadio mayor de Córdoba para cuando los desatinos que involucran a jugadores, dirigentes y exponentes políticos se sosieguen y den paso a gestos de cordura y sana convivencia?Hay antecedentes nefastos respecto a los grupos de matones que ocupan las tribunas y que se movilizan con impunidad por los distintos escenarios deportivos del país e, incluso, del exterior. Por ello, pocos podrán garantizar que los llamados barrabravas de ambos clubes (en rigor, facciones de malvivientes, muchas veces aupados por los dirigentes y la mala política) no se movilicen desde Buenos Aires hacia la ciudad de Córdoba en ocasión de la reedición del Boca-River.Ello obligaría a extremar las medidas de seguridad para que no se desmadre un espectáculo que, si bien se pretende presentar como pacífico, podría ahondar las pendencias no saldadas entre sectores de las hinchadas y entre los mismos actores dentro de la cancha.Por cierto, ningún negocio empresarial ligado a la organización de eventos deportivos puede estar por encima de la seguridad pública. Tampoco es momento de mezclar un partido de fútbol con la campaña electoral en marcha, de por sí bastante cargada de demostraciones banales que poco interesan a los ciudadanos.

