La primera dama de la Justicia
La Corte Suprema de Justicia y los medios son las dos grandes obsesiones (y los mayores obstáculos) del proyecto de construcción del pensamiento único del kirchnerismo.
E s incuestionable que uno de los mayores aciertos de la administración de Néstor Kirchner fue eliminar la "mayoría automática" que el menemismo impuso en la Corte Suprema de Justicia. Ministros cortesanos fueron reemplazados por magistrados que garantizaban excelencia académica y la transparencia reclamada con extremada urgencia por una sociedad abrumada por fallos que, en ciertos casos, fueron clamorosas aberraciones doctrinarias.
Pero tampoco puede cuestionarse que uno de los peores errores de la administración de Néstor Kirchner y su sucesora, Cristina Fernández, fue presumir que los ministros ingresantes prolongarían en el tiempo aquella desdorosa relación de sumisión y obsecuencia con el poder político. Resultó exactamente lo contrario, porque los nuevos jueces demostraron poseer una admirable independencia de criterio, que da irrefutable solidez a todos y cada uno de sus fallos.
El único arbitrio que utilizaron los Kirchner para domesticar en cierto modo a la administración de justicia fue la remodelación del Consejo de la Magistratura, en el que, mayoría de por medio, aplica su técnica de presiones y extorsiones contra quienes puedan emitir pronunciamientos jurídicos que no sean compatibles con sus intereses, políticos o no. La amenaza de juicio político y exclusión pende sobre los magistrados que profesen el ideal del barón de Montesquieu sobre independencia y equilibrio de los poderes.
Pero ni la amenaza mediante el Consejo de la Magistratura parece ser suficiente. Por eso, de modo obsesivo, la Presidenta suele alternar sus rutinarias autoapologías con acerbas críticas contra la ingobernable Corte, como cuando trató de instaurar en la opinión pública la absurda homologación de los vocablos mesura y censura. Desmesurada, interpretó que el sereno llamado a una conducta más mesurada en sus relaciones con el Poder Judicial era un intento de censura.
No alcanzó el objetivo perseguido; por eso, en días recientes dio otra vuelta de tuerca a su ofensiva y utilizó términos muy duros para referirse a la Justicia. Dijo que la Corte trata de "quedar bien con todos" y emite fallos "equilibrantes" para conformar a distintos sectores.
"Hay formas de administrar justicia que no se compadecen con la realidad", dijo. Claro que las hay. Por ejemplo, el 21 de diciembre último, Norberto Oyarbide sobreseyó en un rápido fallo al matrimonio presidencial acusado de enriquecimiento ilícito. Vaya en descuento de las sospechas acerca del comportamiento del juez el hecho de que se basó sobre un dictamen del cuerpo de peritos de la Corte Suprema, que no detectó irregularidades en la declaración jurada del matrimonio, que en 2008 hizo crecer su fortuna 158 por ciento. Apenas 48 horas antes de su exceso verbal, la Presidenta había elogiado a la Corte por su fallo sobre la ley de medios, que coincidía, obviamente, con los criterios del Gobierno.

