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La lección de Chile

La forma en que actuó Chile en el rescate de los mineros –inspirada en principios de solidaridad y unidad nacional– constituye todo un ejemplo para otros países que, aun en las emergencias o las crisis, no son capaces de superar sus divisiones y enconos.

15 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
La lección de Chile

L os países se ponen a prueba durante las grandes catástrofes, cuando tienen que demostrar que están a la altura de las circunstancias, actuar con rapidez y eficiencia e inspirarse en los principios de solidaridad y unidad nacional. Chile lo ha hecho este año en dos oportunidades: primero, durante el violento sismo del 27 de febrero y sus sucesivas réplicas; ahora, con motivo del rescate de 33 mineros atrapados a más 600 metros bajo tierra, tras el derrumbe de la mina San José, en pleno desierto del norte chileno. Tras 69 días de cautiverio, los mineros fueron subiendo uno a uno en la cápsula Fénix 2, especialmente diseñada para llevarlos nuevamente a la superficie, en una escena que se extendió casi un día y pudo ser observada por televisión en el mundo entero. Fue una hazaña tecnológica y humana que quedará registrada como uno de los grandes acontecimientos de la historia chilena y del planeta.El gobierno chileno –con el apoyo masivo de todos los sectores sociales, de los partidos de la coalición gobernante y de la oposición, de los empresarios y los sindicatos– hizo lo que tenía que hacer. Y lo hizo con rapidez y decisión, con recursos propios y con ayuda internacional, la que fue requerida y concedida con la premura del caso. Hubo expertos de primer nivel en perforaciones destinadas a buscar agua, gas y petróleo. Y hubo técnicos de la Administración del Espacio norteamericana (Nasa) que colaboraron en el diseño y la puesta en funcionamiento de la cápsula en que fueron subidos los mineros. Pero, sobre todo, hubo una gestión de gobierno, con la participación de los organismos estatales encargados de actuar en este tipo de eventos, lo que permitió llevar a cabo y en tiempo récord esta verdadera gesta.Ya en el terremoto del verano pasado se había puesto en evidencia este estilo de gestión mancomunada. La destrucción causada en aquella oportunidad fue enorme, con poblaciones enteras devastadas o reducidas a escombros. Sin embargo, escuelas y colegios empezaron las clases en la fecha establecida, en edificios propios o locales habilitados para tal fin. En cambio, en la Argentina se demoró la iniciación del año lectivo en varias provincias y por diferentes motivos, lo que marcó una diferencia en la manera de abordar los problemas y darles solución.En ese sentido, Chile ha dado en poco tiempo dos ejemplos dignos de imitarse, porque no todo se debe a la suerte, al destino, a la ayuda de Dios o a la tecnología. También es necesaria la intervención de los hombres, que deben actuar con inteligencia y decisión en estas emergencias, buscando siempre la cohesión social y la unidad nacional.