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La enfermedad de Chávez

El manejo mediático del caso de la enfermedad del presidente venezolano permite observar concepciones comunicacionales acordes a modelos de gestión fuertemente personalistas. Así, la salud del sistema mismo deja de ser considerada y termina también afectada.

05 de enero de 2013 a las 12:01 a. m.
La enfermedad de Chávez

El largo proceso de la grave afección que ha postrado al presidente venezolano Hugo Chávez y la proyección política del caso sobre buena parte del subcontinente pueden ser observados como una suerte de modelo comunicacional que nadie debería imitar. Es, efectivamente, una fotografía en negativo de la salud institucional de las golpeadas democracias de esta parte del mundo. Los argentinos hemos acumulado en esa materia una experiencia considerable, desde los procesos padecidos por Carlos Menem a Cristina Fernández, pasando por los de Fernando de la Rúa y Néstor Kirchner. Sin embargo, estos casos no tuvieron la repercusión ni, mucho menos, pudieron afectar de modo expansivo a otros sistemas de la región, como sí amenaza hacerlo el caso Chávez. Esto es una consecuencia más del fuerte involucramiento del líder bolivariano con gobiernos amigos y en la toma de decisiones propias del colectivo continental. Es por ello que el manejo mediático del caso permite observar tanto concepciones comunicacionales dignas de ser discutidas como gruesos detalles propios de modelos de gestión fuertemente personalistas. En estos últimos, la salud del sistema mismo deja de ser considerada y termina también afectada.Vale la pena detenerse un momento en la cuestión y pasar revista a los datos de este proceso en momentos en que la incertidumbre sobre el estado real del presidente venezolano afecta al ya delicado equilibrio de fuerzas del país caribeño, tanto como a Ecuador, Bolivia, Cuba y Nicaragua, por citar sólo lo más evidente.Desde el principio, el manejo del tema se exhibió como una epopeya personal del presidente, una lucha titánica en la que el mandatario, el régimen y el país se jugaban de consuno a suerte y verdad, sin alternativas ni reaseguros. Casi como un Luis XIV caribeño al que le faltó aseverar el consabido "después de mí el diluvio", un juego de riesgo extremo cuyas consecuencias saltan hoy a la vista. Los modos de comunicación también podrían ser observados como una lección de periodismo institucional que nadie debería aprender. La lección fue aplicada con persistente insistencia a lo largo de varios meses y cuatro intervenciones quirúrgicas.Si algo debería concluirse de lo visto y oído sobre la cuestión, queda claro que en todo momento se han privilegiado las razones de supervivencia del régimen por sobre la necesidad de sostener la estructura misma del sistema. Esas razones son esgrimidas por no pocos trasnochados teóricos a los que ni en este ni en otros casos les tocará evaluar los daños y hacer de bomberos.