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La democracia en la región

Es preocupante la falta de confianza en los parlamentos de Latinoamérica, según un estudio de Naciones Unidas, pues implica el deterioro de una institución clave de la vida democrática.

21 de mayo de 2014 a las 12:01 a. m.
La democracia en la región

Un estudio sobre la percepción ciudadana de la democracia en América latina, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), arroja un preocupante cuadro de situación.

La evaluación ciudadana de los dos actores fundamentales del sistema democrático es negativa: en casi todos los países de la región, los partidos políticos y el Congreso no cuentan con la confianza de la mayoría de la población.

Si algo distingue a la democracia de cualquier otro sistema de gobierno, es, casualmente, el libre funcionamiento de los partidos políticos y la tarea parlamentaria. De hecho, cuando una dictadura se instala en el poder, cierra el Congreso y prohíbe los partidos políticos.

Por eso es que ambas instituciones van de la mano, y la actual Constitución Nacional considera a los partidos un elemento imprescindible del esquema democrático de gobierno.

En consecuencia, que la sociedad tenga una evaluación negativa de los partidos y los parlamentos es una manera, aunque inconsciente, de poner en jaque a la democracia misma. “La confianza en el Congreso ha sufrido una de las caídas más agudas en la última década en el contexto latinoamericano”, advierte el documento, que analiza los resultados obtenidos en 2013 en comparación con un estudio previo de 1996.

Uruguay es el único país de la región donde más del 80 por ciento de la población se siente satisfecho con el sistema democrático. En el otro extremo, apenas un 20 por ciento de los ciudadanos de Honduras y México expresan lo mismo. En nuestro país, la democracia satisface a uno de cada dos ciudadanos.

En cuanto a la pérdida de confianza de la sociedad en el Congreso, Paraguay es el caso más preocupante: en 1996, no llegaba al 50 por ciento y ahora apenas supera el 20 por ciento. El mismo caso, aunque no alcanza números tan preocupantes, se da en Chile, Perú, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica.

En paralelo, Uruguay, Argentina, Venezuela y Ecuador muestran el proceso contrario: desde 1996 hasta 2013, aumentó la confianza ciudadana en sus parlamentos. En Argentina, ha subido de alrededor del 25 por ciento a casi el 40 por ciento.La confiabilidad de los partidos políticos repite el fenómeno, lo que revela la vinculación entre la evaluación que se hace de las agrupaciones partidarias y la dinámica parlamentaria: mientras en Nicaragua, Paraguay y Guatemala disminuyó la confianza en los partidos, en Venezuela, Ecuador, Argentina y Uruguay ha crecido.

La dirigencia política no surge de un repollo sino de una sociedad concreta. Por lo tanto, los distintos actores de esa sociedad debieran reforzar su compromiso con la educación cívica, entendida en un amplio sentido, para que la crítica del accionar político se convierta en un insumo que fortalezca y no debilite la democracia.