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Jornada de reflexión democrática

La condena al golpe de 1976 es imprescindible, ya que éste representa los crímenes más horrendos por parte de quien debe evitarlos: el Estado.

24 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
Jornada de reflexión democrática

Como cada 24 de marzo, no faltan quienes se preguntan por qué es hoy feriado nacional. La fecha coincide con el golpe de Estado del mismo día y mes de 1976, pero el actual Gobierno le otorgó el sentido de "Día de la Memoria" o de reivindicación de los derechos humanos, violados de manera sistemática por la dictadura iniciada en esa fecha. En su oportunidad, la mayoría de los partidos políticos -con excepción del oficialista- y los medios de comunicación criticaron la medida adoptada por el gobierno del entonces presidente Néstor Kirchner. Aun cuando todos coincidían en la repulsa del septenio militar, consideraban que la decisión era arbitraria e incluso confusa, ya que no había necesidad de crear un nuevo feriado para reivindicar esos derechos, que desde la restauración de la democracia en 1983 forman parte del patrimonio ciudadano argentino. La sanción del feriado cerró transitoriamente aquel debate. La pausa de hoy abre la posibilidad de una reflexión profunda sobre aquellos días. Y, además, sobre el uso cuasi proselitista que la actual administración realiza de la reivindicación de valores humanos comprendidos por el conjunto ciudadano. Una cosa, pues, es valorar que la mano de la Justicia persiga y condene los crímenes de lesa humanidad cometidos por funcionarios y agentes del Estado durante la dictadura, así como alertar sobre la necesidad de no permitir ni por asomo reproducir aquellas jornadas. Otro asunto, diferente, es vaciar de responsabilidades y asignar cualidades que no tuvieron a quienes condujeron a una generación de argentinos a usar la violencia como herramienta política. Se ha dicho, pero debe ser reiterado. Los crímenes del terrorismo de Estado, graves por su misma condición pero en especial por haber sido cometidos por la institución que debía representar al bien común, son de una escala que no puede ser equiparada. Esa valoración, sin embargo, no puede, como pretenden los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, convertir en héroes a quienes formaron grupos terroristas y sembraron de tragedia los años previos al comienzo de esa dictadura. Estado terrorista y grupos terroristas no son lo mismo. No hay equivalencia posible, como equívocamente se ha insistido, al presentar la realidad de las décadas de 1960 y 1970 como un enfrentamiento entre pares, bajo el nombre de "teoría de los dos demonios". Es por lo mismo que el Gobierno y sus integrantes no pueden simplificar la historia estableciendo que hubo demonios militares y ángeles revolucionarios. Comprender que la violencia y el terrorismo no pueden ser solapadamente reivindicados sino observados como lo que no debe volver a ocurrir, e insistir en cambio en el fortalecimiento institucional, tiene que ser parte de la reflexión que impone la pausa de este feriado.