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Incapacidad crónica de gestión

El camino de las Altas Cumbres, que permanece inconcluso después de 100 años de comenzadas las obras, es un símbolo de la inoperancia estatal, más allá de los signos ideológicos.

29 de octubre de 2014 a las 12:01 a. m.
Incapacidad crónica de gestión

El camino de las Altas Cumbres, la obra vial más grande de la provincia de Córdoba, comenzó a construirse en 1914 y 100 años después, pese a los compromisos asumidos por distintos gobernadores, no está concluido.

Es más, la concreción de lo que sería la última etapa contó con el apoyo de la presidenta Cristina Fernández, quien en 2009, en un acto en Villa Dolores, aseguró que el Gobierno nacional pondría el dinero necesario para que estuviera lista en dos años; es decir, en 2011.

No fue así porque el dinero de la Nación nunca llegó. Y todo parece indicar que recién en 2016 podría ser inaugurada, si se mantiene la financiación provincial.

Por supuesto, en estos 100 años han pasado por el Ejecutivo provincial dirigentes de distintos signos políticos. Conservadores, demócratas, radicales, peronistas y una larga lista de interventores federales, también asociados a diferentes tendencias ideológicas, tanto durante gobiernos militares como bajo regímenes democráticos.

Todos ellos, entonces, son responsables de que una ruta de unos 130 kilómetros, desde Villa Carlos Paz hasta Mina Clavero –para poner dos puntos clave de la geografía cordobesa y su importante industria turística–, no haya sido concluida en 100 años.

Si eso, de por sí, representa un lamentable símbolo de la incapacidad que tenemos los argentinos para gestionar la cosa pública –en medio de la lógica alternancia de las fuerzas políticas que asegura el sistema democrático, por el bien del conjunto de la sociedad–, el análisis se torna más pesimista si se observan los años en que efectivamente se trabajó por el camino y sus respectivos resultados.

Sólo en cuatro años –entre 1914 y 1918, entre el gobierno del conservador Ramón J. Cárcano y el del radical Julio Borda–, se construyeron los casi 100 kilómetros del camino viejo. Como contrapartida, entre 1965 y 2016, lo que representará 51 años, desde la gobernación radical de Justo Páez Molina hasta el final del tercer mandato de José Manuel de la Sota, en el mejor de los casos se habrán construido los 110 kilómetros del camino nuevo.

En la comparación, se cae de maduro, los primeros derrotan palmariamente en su capacidad de gestionar a los segundos, aun cuando estos hayan contado con innumerables avances científicos y tecnológicos.

También en esto, por lo tanto, se podría decir que la Argentina del Centenario funcionaba bastante mejor que las del siglo y medio y la del Bicentenario.

Aquella Argentina, además, estaba abriéndose a una nueva democracia, con reglas de juego más claras, mientras que la Argentina de nuestros días padece, no sin dolor, una democracia anémica a causa de una dirigencia que ha demostrado no estar a la altura de las circunstancias.