Entre la solidaridad y la privacidad
En junio, la Corte Suprema de Justicia de EE.UU. se pronunciará acerca de la reforma sanitaria impulsada por Barack Obama. Su dictamen puede decidir las elecciones presidenciales de noviembre.
Mientras republicanos y demócratas recorren el territorio estadounidense en campaña proselitista de creciente intensidad, con vistas a las elecciones presidenciales de noviembre próximo, se descuenta que será la Corte Suprema de Justicia la que influirá en forma decisiva en la intención de voto. El cuerpo judicial deberá pronunciarse acerca de la constitucionalidad de la reforma sanitaria propuesta por el presidente Barack Obama. Lo hará en junio, después de haber mantenido tres reuniones plenarias a fines de marzo último, en las cuales quedaron definidas dos posiciones antagónicas: cinco magistrados son de tendencia conservadora, opuestos a la iniciativa presidencial que obliga a todos los ciudadanos a contratar un seguro de salud, a cambio del compromiso de las aseguradoras de no rechazar a ancianos ni a pacientes de enfermedades crónicas o de alto riesgo; los otros cuatro ministros son liberales y apoyan la implantación del seguro obligatorio.Lo sorprendente en una sociedad saturada de medios de comunicación masiva es que el 74 por ciento de su población ignora las pautas de la reforma, pero la sola posibilidad de que el gobierno le imponga adquirir algo le produce rechazo.Desde luego, el triunfo jurídico de Obama sería la victoria de 50 millones de personas que carecen de cobertura médica. Otorgársela sería un acto de estricta justicia, porque hoy están marginados de un derecho humano básico, como es el derecho a la salud, transformado para los ahora excluidos del sistema en aleatorio derecho a la vida.Lo que está en juego, también, es el sentido y estilo de la vida comunitaria estadounidense. A lo largo de su historia, la actual superpotencia fue construyéndose con un delicado equilibrio entre solidaridad e individualismo. No por casualidad, los fundadores se exiliaron del Reino Unido para proteger su voluntad soberana sobre su destino.Ese individualismo y esa protección a ultranza de la privacidad quedan claramente expresados en el viejo aforismo " my Home is my castle " ("Mi hogar es mi castillo"), heredado de la tradición política inglesa junto con el habeas corpus. Así, aunque rige el principio constitucional del monopolio de la fuerza por el Estado, desde 1791 tiene rango constitucional el derecho del ciudadano de armarse en defensa propia, ratificado en junio de 2008 por la Corte actual, casualmente por cinco votos contra cuatro.El talante de una nación admite matices contrastantes. Así, ese pueblo individualista encabeza las estadísticas mundiales de voluntariado: cada ciudadano dedica, en promedio, 400 horas anuales en proyectos comunitarios.Esa contradicción entre individualismo y espíritu solidario pesará a la hora en que los ministros de la Corte pronuncien su veredicto. Su dictamen puede tener una influencia decisiva sobre el resultado de las elecciones de noviembre.

