El valor de la democracia
La elección de hoy es una ocasión para consagrar a quienes permitan alcanzar –en un ambiente de diálogo– consensos mínimos para recuperar el desarrollo de la Argentina.
Los argentinos concurrimos hoy a las urnas para la octava elección presidencial consecutiva desde el restablecimiento de la democracia en 1983. Aunque imperfecto, el sistema democrático es el mejor mecanismo para la consagración de los representantes de la voluntad popular. La avances tecnológicos permitirán encontrar, quizá en un futuro inmediato, otros modos para un vínculo más directo y continuo entre gobernantes y ciudadanos, que validen las decisiones que se toman a lo largo de cuatro años.Los dirigentes que sean elegidos hoy tendrán la responsabilidad de trabajar por una mejor transparencia en los próximos comicios, para evitar los engañosos sistemas vigentes, por caso, en las provincias de Buenos Aires, Tucumán y Santa Cruz, que a través de lemas, sublemas o "acoples" terminan distorsionando la voluntad popular. Es imperioso avanzar hacia una boleta única que, a través de un sistema electrónico, facilite conocer con rapidez y veracidad la voluntad de los electores.La tarea de los futuros funcionarios y legisladores será ardua, sin dudas. La Argentina necesita recuperar espacios de diálogo para establecer consensos mínimos sobre el rol del Estado, la actividad privada y el mundo del trabajo.Los fundamentos de la organización nacional deben ser respetados. El sistema republicano, que consagra la independencia de los tres poderes, tiene que ser restaurado, con la aplicación de los mecanismos adecuados de control entre las distintas esferas de poder.La vuelta al espíritu y a la letra de la Constitución Nacional no solucionará de por sí los enormes desafíos que tiene el país. No obstante, premisas como el sistema federal de gobierno y el reparto equitativo de los impuestos nacionales deben ser cuestiones primordiales.El respeto a los derechos humanos es un capítulo ganado, al que se deben sumar los del pluralismo, la diversidad cultural y el pleno respeto de las libertades de expresión y de prensa.La Argentina necesita reinsertarse en un mundo interrelacionado en los negocios, para lo cual tendrá que alcanzar un acuerdo razonable con los acreedores que no aceptaron los canjes de deuda y que traban el acceso a nuevos créditos para desarrollar la infraestructura que exige la expansión de todas las actividades.En el plano interno, habrá que atacar la inflación, que golpea más a quienes poseen ingresos fijos. Para ello, es imprescindible corregir el desborde del gasto público y la emisión de moneda.Estos desafíos no son sólo un reto para los próximos gobernantes, sino también para la oposición, la cual deberá asumir una tarea constructiva, como demanda la voluntad popular. La democracia le vuelve a dar una oportunidad a la Argentina en la elección de los mejores dirigentes que tiendan a su bienestar y crecimiento.

