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El valor de la democracia

Hace 30 años que se respiran aires de libertad en la Argentina, pero hay que redoblar los esfuerzos políticos y sociales para que toda la población pueda disfrutar a pleno de sus derechos.

30 de octubre de 2013 a las 12:01 a. m.
El valor de la democracia

El 30 de octubre de 1983, hace hoy 30 años, las urnas abrían el camino para el retorno de la Argentina al sistema democrático, que había sido interrumpido de manera brutal el 24 de marzo de 1976 por un golpe de Estado que hundió al país en la tragedia y la desesperanza. Tres décadas ininterrumpidas, durante las cuales la democracia argentina fue evolucionando, pese a las crisis de todo tipo, en virtud del soporte de un pueblo maduro y cada vez más comprometido y de una clase dirigente y gobernante que, con sus defectos y virtudes, supo preservar la salud de la República sobre añejos antagonismos ideológicos y políticos.La sociedad vive este pasaje histórico en el convencimiento de que no hay marcha atrás, como tampoco espacio para aventuras mesiánicas como las que protagonizaron en los albores de la democracia recuperada algunos grupos militares embriagados por la resaca de la dictadura.Las elecciones del domingo pasado fueron otro ejemplo de apego irrestricto a la libertad de elegir de la que gozan los ciudadanos a través de la única herramienta válida: el voto popular.Sin embargo, la evocación de aquella jornada cívica que consagró al radical Raúl Ricardo ­Alfonsín como presidente de los argentinos debe abrir un marco de profunda reflexión sobre el cúmulo de materias pendientes que no han sido resueltas por las sucesivas administraciones del Estado.Las diferentes evaluaciones ensayadas por estos días a propósito del aniversario que se celebra hoy ponen a la pobreza como uno de los flagelos que sacuden a millones de argentinos excluidos de derechos básicos, como la alimentación, la salud y la educación.Las crisis que se sucedieron a lo largo de 30 años, como la que puso al país en jaque en 2001, tuvieron entre sus orígenes el hartazgo de una sociedad asfixiada por las desigualdades en materia de distribución de los ingresos, a partir de políticas socioeconómicas erráticas. Un escenario que se mantiene aún hoy, con ingredientes igualmente nocivos, por una escalada inflacionaria que no cesa y que el Gobierno nacional ya no puede esconder bajo la alfombra.Además, el tremendo valor de la democracia coloca a la clase dirigente y gobernante frente a la obligación de terminar con las confrontaciones políticas y de intereses sin límites, que debilitan a las instituciones de por sí zamarreadas por ­conductas mezquinas e intolerantes. El sano ­ejercicio republicano debe ser una razón de todos los días.Hace 30 años que se respiran aires de libertad, pero hay que redoblar el esfuerzo para corregir los errores cometidos y salvar las asignaturas pendientes en favor de una enorme franja de la población que reclama una convivencia pacífica, transparente e igualitaria. En fin, el valor supremo de la democracia.