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El pantano español

El caso español debería llamar a reflexión: o los factótums de la política encuentran la manera de resignificarse frente a los ciudadanos o estos se considerarán legitimados para emprender nuevas aventuras.

30 de junio de 2016 a las 12:31 a. m.
El pantano español

El caso español, con un país que sigue sin poder conformar gobierno, bien podría observarse como un llamado de atención sobre la enorme crisis de representatividad que están padeciendo no pocas naciones del viejo mundo: el surgimiento de opciones antisistema, como Syriza (Grecia), Ciudadanos y Podemos (España) y Beppe Grillo (Italia), no puede ser desligado del crecimiento de las de extrema derecha (Francia y Austria) o el resurgir del aislacionismo, como en Gran Bretaña. Ya sea la partidocracia el problema o el sistema de gobierno, en cada caso, lo que surge a la luz es la fatiga de electores que abandonan viejas fidelidades, a la vez que protagonistas nuevos se asoman proclamando su hartazgo de todo, mientras apuntan al corazón del sistema con argumentos que se confunden con los de las opciones de la derecha más recalcitrante. La política, vista como el ejercicio de los grandes partidos en la construcción de poder, no encuentra respuestas alternativas válidas. No ha sido el de Mariano Rajoy el gobierno más progresista que recuerde Iberia toda, ni aquel en el que los ciudadanos prosperaron. Por lo contrario, su ajuste por momentos cruel y desmedido dejó a millones de seres a la intemperie. Seres que, al igual que en Grecia, sospechan que el sistema sólo practica terapias que atienden a la salud del mundo financiero y corporativo; nada nuevo, por otra parte. Pero los números de la compulsa del domingo último muestran a los populares lejos de poder formar un gobierno propio. Y a los socialistas como árbitros, ya sea respaldando o absteniéndose, casi lo mismo en estas circunstancias. La pregunta es si el Psoe puede darse el lujo de allanarle el camino a su tradicional oponente o coincidir con él en un programa consensuado. Otros no lo pasan mejor a la hora de las opciones: Podemos padeció una fuerte desilusión a la hora del conteo y Ciudadanos está corrido a la derecha de los populares, lo que entorpece el diálogo de las partes. Los separan, además, cuestiones centrales, como el separatismo vasco y el catalán. Más allá de las particularidades nacionales, el cansancio de casi todos es la constante, lo que fortalece peligrosamente la alternativa de opciones extremas como la de Marine Le Pen, en Francia, a la vez que pone entre paréntesis a las expresiones renovadoras, capaces de increíbles volteretas al llegar al poder, tal como ha sucedido en Grecia con el gobierno de Alexis Tsipras. La construcción de un nuevo mundo feliz parece ser el razonamiento de muchos, pero ha tenido un altísimo costo. Como fuere, el caso español debería llamar a reflexión: o los factótums de la política encuentran la manera de resignificarse frente a los ciudadanos o estos se considerarán legitimados para emprender nuevas aventuras. Y bien sabemos los riesgos que esto implica.