El mito de la dictadura eficiente
Algunos suponen que la dictadura monopartido es el mejor modelo para el desarrollo, pero lo que puede ganarse en economía se pierde en paz social y, fundamentalmente, en libertad.
Señalaba recientemente el semanario italiano L'Espresso que la mayoría de los países emergentes que deslumbran por sus espectaculares desarrollos económicos son gobernados por sistemas autoritarios. China es el mejor ejemplo, con su producto interno bruto (PIB) instalado entre el 9 y el 10 por ciento anual. Algo similar observa el Banco Mundial en la República Democrática del Congo y en el Congo propiamente dicho, con sus PIB del 8 al 10 por ciento; Vietnam, con 9 por ciento; Sudán, 8 por ciento, y Bielorrusia, 7,6 por ciento. Todos estos países dictatoriales arrancaron desde el subsuelo de la economía mundial; por eso sus indicadores de activación arrojan cifras sorprendentes. Si se mantienen durante más de una década, recién entonces podría establecerse alguna relación entre dictaduras monopartidos y desarrollo. Pero su progresismo discursivo avanza por otro carril: máximas garantías de ganancias para las inversiones de las multinacionales, condiciones laborales de semiesclavitud, movimientos sindicales que sólo son apéndices serviles de los gobiernos, rígida censura.Naturalmente, también existen países con genuinos regímenes democráticos y altas tasas de crecimiento (India, Brasil, México, Colombia, Chile y la Argentina), que son lo esperable de la interacción de democracia política y economía parcial o totalmente desregulada.En las décadas de 1960 y 1970, Estados Unidos alentó la instauración de dictaduras militares en América latina, como diques de contención al castrismo; mientras esos regímenes perpetraban brutales violaciones de los derechos humanos, algunos de ellos sentaban las bases del crecimiento económico, como Brasil, Chile, algo tardíamente Uruguay y Colombia. Esa fórmula fracasó en la Argentina y Perú, pero demuestra ahora una llamativa eficiencia en el sudeste asiático.Según el Banco Mundial, en 2010 los países definidos como genuinas democracias crecieron a una media de 2,3 por ciento en relación con el año precedente, mientras que los 47 países autoritarios lo hicieron a un promedio de 4,9 por ciento y los más duros de ellos superaron el cinco por ciento, en tanto que 57 países considerados híbridos (a mitad de camino entre dictadura monopartido y democracia) se desarrollaron a un nivel de cinco por ciento. Una especie de semihíbrido entre esos grupos es Rusia, con una democracia en sostenida regresión, cuyo PIB se estabilizó en alrededor del cuatro por ciento anual.Es erróneo suscribir el mito del autoritarismo eficiente. Sus indicadores actuales se basan sobre niveles iniciales de extremada miseria y explotación de la mayoría silenciosa. El peor de los errores es salir de una democracia frágil hacia una dictadura monopartido. Porque lo que eventualmente se gane en desarrollo, se perderá en libertad.

