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El horizonte es la paz

El renovado reclamo de Bolivia a Chile por una salida al mar vuelve a poner en primer plano un conflicto centenario, el cual debe resolverse pronto, de cara a una integración pacífica de la región.

29 de abril de 2013 a las 12:01 a. m.
El horizonte es la paz

La decisión del gobierno de Evo Morales de acudir a la Corte Internacional de La Haya para reclamar que se otorgue a Bolivia la salida al mar que perdió hace 130 años actualiza el clima de tensión que ha caracterizado las relaciones entre Santiago y La Paz, asunto este que no puede dejar indiferentes, al menos, a sus vecinos Perú y Argentina.

Son pocos los que hoy están en condiciones de recordar los orígenes de la denominada “guerra del guano” o “del salitre”, librada entre l879 y 1883, cuyo motivo fueron los vastos depósitos de ese abono natural presente en la franja costera y los islotes que ambos países disputaban desde la independencia de Bolivia en 1826, cuestiones que el tratado firmado en 1866 no pudo solucionar.

En ese contexto, la ocupación de Antofagasta por parte de Chile gatilló un conflicto al que de inmediato ingresó Perú, como signatario de un pacto de defensa mutua con Bolivia.

De resultas de esa guerra librada con barcos acorazados, que hacían su irrupción en los escenarios bélicos, tanto como las ametralladoras y rifles de repetición, Chile anexó 400 kilómetros de costas y 120 mil kilómetros cuadrados de territorio rico en minerales, como el cobre, por sólo citar uno.

No le fue bien a Perú, pero Bolivia sufrió el costo mayor, ya que quedó cerrada en una insularidad que hasta hoy lo condena a la postergación y el atraso.

La debilidad boliviana se acentuó con el injusto tratado de paz firmado en 1904, que consagró el expolio y convirtió a Bolivia en un país que por más de un siglo ha demandado una salida al mar que su obstinado vecino le niega.

El tercer jugador de esta lucha sorda, Perú, observa expectante, sabedor de que cualquier progreso de Bolivia en la materia le habilitará para sus propios reclamos, algo que en Santiago no se ignora. Por ello, alegan que le toca a Lima acceder al reclamo boliviano.

No es un dato menor que esta embestida boliviana en foros internacionales surja en momentos en que en Chile se calienta el clima preelectoral, lo que habla del escaso sentido de la oportunidad exhibido por La Paz. Ningún presidente que está por irse ni el que tenga mayores posibilidades de llegar –como Michelle Bachelet– recogerá ese guante.

Pero, sin dudas, Evo Morales ha calculado los costos y beneficios de agitar una cuestión ligada al más caro nacionalismo, haciendo primar al marketing sobre las conveniencias.

Como sea, el diferendo, uno más entre los muchos que separan a países de América latina, debería merecer una rápida acción regional, que acote los riesgos latentes y aborte otros experimentos similares. Sin olvidar lo anacrónico del nacionalismo cerril trasandino y la insoportable insularidad boliviana, que ya no puede ser tolerada por más tiempo.