Detrás de las palabras
Las afirmaciones de Guillermo Moreno esconden el análisis de qué está sucediendo realmente con el precio de la carne y la falta de respuestas a un sector clave de la economía argentina.
El consumo de carne en la Argentina –medido por la cantidad de animales faenados dividido por los habitantes del país– aumentó en los últimos meses. Este es un dato cierto, como el hecho de que su precio en el mostrador se ha mantenido estable en los últimos meses, aun con las diferencias lógicas entre los distintos locales que comercializan el producto y por la calidad de los cortes. El relevamiento mensual que este diario realiza en los centros de venta de las cuatro principales cadenas de la ciudad de Córdoba muestra que la carne y los embutidos tuvieron sólo un incremento de 2,7 por ciento en los últimos 12 meses.Esta realidad confirmaría en parte la ofensiva dialéctica del Gobierno nacional el último fin de semana para desautorizar las críticas sobre la suba permanente de los precios de bienes y servicios, que provocan inflación. Sin embargo, las palabras del secretario de Comercio Interior de la Nación, Guillermo Moreno, y de su segunda, Lucía Colombo, esconden parte de la verdad.Las consultoras privadas, que difunden sus datos a través de la llamada "inflación Congreso" para evitar las represalias de Moreno por dar otros datos que no se corresponden con el relato oficial, señalaron una suba promedio de más del 25 por ciento interanual a septiembre último. Salvo la carne, los precios relevados por este diario muestran un alza de 39 por ciento en los productos de almacén y lácteos, en tanto las frutas y verduras subieron más de 44 por ciento.Esta muestra carece de la rigurosidad estadística que supo tener el relevamiento del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), pero guarda similitud con las efectuadas por el Centro de Almaceneros de Córdoba y la canasta alimentaria del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Córdoba, por lo que los datos no están alejados de la realidad.En verdad, con el precio de la carne –que Moreno usa como base de sus afirmaciones– está sucediendo algo que debería preocupar a la administración nacional.Este año, el plantel de hacienda de la Argentina podría reducirse en un millón de cabezas, debido a que los productores se desprenden de los animales por el alto costo que demanda su reproducción, cría y engorde, que no se compensa luego con los precios de venta. Por ello, los hombres de campo liquidan sus planteles para concentrarse en la agricultura, que tiene mayores beneficios, pero genera una menor ocupación.Salvo que las afirmaciones de Moreno y Colombo sean un mensaje cifrado en el marco de la interna kirchnerista, esos conceptos conducen a un falso diagnóstico y, con ello, al error de no definir una política adecuada para que la Argentina se siga enorgulleciendo de que cuenta con una ganadería de excelencia y produce la mejor carne del mundo.

