Desafíos del crecimiento
El crecimiento de la ciudad de Córdoba es una buena noticia que debe ser acompañada también por una mejora en la calidad de gestión de los asuntos municipales.
La ciudad de Córdoba alcanza en la actualidad niveles de crecimiento comparables a los que tuvo durante su despegue industrial en la década de 1950. La información, elaborada a partir de diferentes bases de datos, da cuenta de la existencia de 205 nuevas urbanizaciones en los últimos 10 años (159 barrios, 35 countries y barrios cerrados y 11 barrios ciudades). Se trata de una noticia que, en principio, no puede sino calificarse como alentadora, pues refleja el crecimiento de la capital de la provincia y, por lo tanto, es un síntoma de progreso nada despreciable. Pero, al mismo tiempo, representa un verdadero desafío para las políticas municipales, no sólo de los responsables actuales del municipio sino también de quienes tengan que sentarse en el futuro a administrar una ciudad que merece, sin duda, ser repensada.Es más, algunos urbanistas señalan –con alivio– la existencia de ciertos límites, como el carácter de reserva natural de los terrenos del Tercer Cuerpo de Ejército, como si aquel crecimiento pudiera producir efectos negativos.Eso puede ser así si no se adoptan políticas de Estado para la Municipalidad, que partan de un análisis profundo que permita planificar la ciudad a largo plazo. Las urgencias se acrecientan si se considera que la calidad de las gestiones de los últimos gobiernos municipales no ha acompañado el crecimiento que hoy revelan las cifras de la investigación publicada por este diario.Al contrario, lo que ha hecho la mayoría de ellas –y estamos hablando de gobiernos de todos los colores del arco político cordobés– es, en el mejor de los casos, salir al cruce de los problemas cuando éstos les explotaban en las manos. A veces, los resolvieron en forma momentánea; otras, ni siquiera eso. Pero en muy pocas ocasiones se elevó la mira más allá de la solución transitoria. Sin ningún esfuerzo, cualquier habitante de la ciudad puede confeccionar una lista de esos problemas básicos y crónicos, que continúan irresueltos y que agudizarán su gravedad si es que la expansión se sostiene en el tiempo. El transporte público de pasajeros, por ejemplo, que, de su práctica desaparición durante la gestión de Germán Kammerath, pasó a existir en forma precaria en la de Luis Juez, para sobrevivir ahora, caro, malo y a los tropezones. La recolección de basura es otra deuda estructural para la que no se halló solución después de que la empresa Clima dejara un servicio cuyo precio la ciudad no estaba en condiciones de seguir afrontando. El caos del tránsito, sobre todo en el casco céntrico, es otro nudo gordiano que requiere medidas urgentes.La enumeración podría seguir. Pero estos tres problemas bastan para matizar el tono positivo de la noticia del crecimiento de la ciudad. Porque, junto a ella, también deben crecer la calidad de la gestión para afrontar sus desafíos y las soluciones que vayan más allá de lo ocasional.

