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Conjuras inaceptables

Es válido criticar sus decisiones y exigir diálogo y respeto por la institucionalidad de parte del oficialismo. Pero es inaceptable cualquier conjetura que ponga en duda la continuidad de su mandato. Duhalde dijo que Alberto Fernández "está groggy" y lo comparó con De la Rúa

20 de septiembre de 2020 a las 12:10 a. m.
Conjuras inaceptables
Alberto Fernández y Duhalde. (Archivo)

El pasado 4 de julio, en un programa televisivo porteño, la conductora sorprendió a sus invitados y a la audiencia con una pregunta. Ante un comentario del dirigente peronista Julio Bárbaro, que pronosticó la derrota del Gobierno nacional en las próximas elecciones legislativas, preguntó de modo inesperado: “¿Y termina el gobierno, termina el mandato?”.

Todos los presentes, ella incluida, respondieron de modo afirmativo. Pero la pregunta –acaso por el contexto relativamente frívolo y superficial que la enmarcaba– no fue bien recibida en las redes sociales. La conductora debió usar su cuenta de Twitter para disculparse.

En las 11 semanas que transcurrieron desde entonces, aquella pregunta no ha dejado de reconfigurarse en la esfera pública.

Primero, un eufemismo ocultó su costado más punzante: la crisis sanitaria y la crisis económica, potenciándose la una a la otra, se dijo, podrían llevarse puestos a varios funcionarios. Entre un giro coloquial y un sustantivo plural indeterminado, quedaba en el receptor ubicar o no en el centro de los afectados al presidente Alberto Fernández.

Luego, en el marco del análisis de la supuesta interna del Frente de Todos, se llegó a especular que el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, se habría imaginado a sí mismo como el Eduardo Duhalde de Fernández. Esto es, su reemplazante en caso de acefalía. Hipótesis que daba por sentado que junto con Alberto Fernández caería Cristina Fernández. De golpe, esta semana, aquel trasfondo se tornó explícito. Duhalde señaló que Fernández “está grogui, como lo estuvo Fernando de la Rúa en su momento.

Para validar esa comparación, Duhalde admitió que él mismo, cuando gobernó, atravesó un período de mareo y confusión. Recordemos que De la Rúa renunció en diciembre de 2001 y que Duhalde decidió adelantar la entrega del poder de diciembre a mayo de 2003.

Con todo, agregó que esa sería “la explicación más benigna” para comprender lo que le pasa al Presidente. Si esa es la interpretación más positiva, ¿cuánto más apocalíptica será la más negativa? Con escasa diferencia de horas, el analista económico Miguel Ángel Broda declaró que si él hubiera sido el ministro de Economía en el momento en que se decidió reforzar el cepo del dólar, “me paro arriba de la mesa y le digo al Presidente: ‘Mire, como usted está no sé si termina’”.

Hay más ejemplos. Pero la serie alcanza para comprender que hemos llegado a un punto en el que debemos reclamar prudencia.

Es cierto que las crisis sanitaria y económica provocan un cuadro de compleja resolución. También es cierto que el peronismo, y más aún el kirchnerismo, cuando gobierna tiende a ocupar todos los espacios de la escena política, incluido el de la oposición.

Sin embargo, especular con la posible renuncia del presidente Fernández, por una aparente crisis de gobernabilidad generada por la ineficacia de su gestión, está fuera de toda razón.

Es válido criticar sus decisiones y exigir diálogo y respeto por la institucionalidad de parte del oficialismo. Pero es inaceptable cualquier conjetura que ponga en duda la continuidad de su mandato.