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Ataque alevoso y estremecedor

El brutal ataque a una adolescente en barrio Nuestro Hogar III no es un hecho más, ya que muestra las fisuras sociales que facilitan la delincuencia, contra la cual hay que actuar en forma contundente.

11 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Ataque alevoso y estremecedor

Estremecen los detalles del alevoso ataque que dejó a una adolescente de 14 años al borde de la muerte en barrio Nuestro Hogar III, en la zona sur de la ciudad de Córdoba. Allí, según los primeros testimonios, dos jóvenes hermanos la asaltaron, le robaron el celular y, luego, uno de ellos le disparó en la cabeza. El hecho se enmarca en el clima de inseguridad y descontrol que se vive en Córdoba y en buena parte del país, ante el cual la sociedad se muestra inerme y desorientada.Cada vez que ocurre un hecho de esta naturaleza afloran esas señales de desconcierto con apelaciones extremas a la "mano dura" y la "tolerancia cero", en medio de discursos garantistas que, a veces, en tren de encontrar explicaciones socioeconómicas a estas conductas aberrantes, terminan justificándolas.Lo cierto es que los hechos delictivos se suceden, en algunas ocasiones con total impunidad, sin que nadie parezca capaz de frenar la violencia irracional que acorrala y espanta cada vez más a la ciudadanía.Este caso no es uno más, sino uno muy especial, en el que, sin embargo, se evidencian las fisuras sociales que facilitan el accionar delictivo. Una de ellas es la simpleza con la que los violentos consiguen armas y la soltura e impunidad con las que hacen uso de ellas por cuestiones tan nimias como sustraer un celular o, como una línea de investigación de este caso insinúa, resolver en forma drástica una disputa amorosa.El caso también ofrece un muestrario de síntomas de descomposición social en un barrio humilde, en el que sus habitantes se atacan unos a otros y en donde ni siquiera se puede salir a caminar sin riesgo para la vida o la propiedad.Por otro lado, el calibre 22 y la atemorización del vecindario parecen ser el primer escalón de una carrera delictiva que, en sucesivas promociones, los llevará a cometer estragos mayores, integrándose a bandas organizadas para el crimen. No cabe duda de que la pobreza y la marginalidad incuban resentimientos que algunos inadaptados vehiculizan hacia la delincuencia. He ahí la primera falla de la sociedad organizada, incapaz de brindar condiciones de vida dignas a amplios sectores. Pero, además de esos controles preventivos y asistenciales, fallan también los formativos, los de la educación y los de organismos cuya función es proteger a la ciudadanía.Hablamos en concreto de la Policía y de la Justicia que, en lugar de coordinar sus acciones preventivas y represivas, gastan energías en acusarse unos a otros. Es común escuchar a las fuentes policiales quejarse de que los delincuentes "entran por una puerta y salen por la otra", mientras en círculos judiciales se critica la ineficacia policial. Los hechos muestran que la inseguridad es algo más que una sensación y está exigiendo dejar de lado resquemores y actuar en forma contundente.