Córdoba en la nueva década
Nuestra provincia debe afianzar su potencial agropecuario, industrial y de prestadora de servicios.
A lo largo de la década concluida el viernes último, Córdoba ha compartido con el resto del país una historia difícil, compleja, por momentos muy dura, pero en la que también hubo avances y señales esperanzadoras. Desde los aciagos días de fines de 2001 y principios de 2002, cuando la Argentina se derrumbó y se hundió en la más grave crisis social, económica e institucional de los tiempos modernos, se sucedieron numerosos hechos que significaron avances en lo institucional, como en el desarrollo económico y en la integración social. Sin embargo, aún hay enormes asignaturas pendientes. No se ha escrito la historia completa de aquella crisis, en la que hubo responsabilidades compartidas entre el Gobierno nacional, la oposición política y sindical, y la sociedad, que no supieron comprender la necesidad de inevitables ajustes económicos, que tal vez hubieran evitado la caída en el precipicio a partir de los sucesivos corralito, corralón y devaluación, con un fenomenal aumento de la pobreza, el desempleo y la inseguridad como pocas veces registró nuestra historia.Resulta inevitable recordar el dramático bienio 2001-2002 por dos razones: una, porque los pueblos que no aprenden las lecciones del pasado pueden reincidir en sus injustificables errores y otra, porque las consecuencias del derrumbe todavía perduran, sobre todo en materia social. El país, con el esfuerzo de todos, se ha recuperado en los últimos años, y Córdoba es un ejemplo en ese sentido. La expansión económica tanto en el sector agropecuario como en la industria y en la prestación de servicios, ha sido formidable. Es verdad que a Córdoba, como al resto del país y América latina, la benefició en grado sumo el aumento de la demanda de los países emergentes y de los precios internacionales de las materias primas –en especial, el de los granos–, pero también lo es que se puso a prueba el talento, la inventiva y la experiencia de los cordobeses, que supieron responder a los nuevos desafíos.La deuda social sigue siendo grande. El gasto público se incrementó al ritmo o por encima de la expansión de la economía, aunque la ineficiencia en muchas áreas de la administración estatal no ha logrado ser desterrada definitivamente. El aumento constante de la planta de personal no se ha traducido en una mejora notable de los servicios ni en la atención de los ciudadanos. La Córdoba de las luchas históricas debe dar paso definitivamente a un clima de tolerancia y convivencia, para no repetir los enfrentamientos que se produjeron cuando se discutieron las leyes de las reformas previsional y educativa. La década que comenzamos se inicia con un desafío electoral clave, como es la elección del gobernador, y lo que los ciudadanos exigen a su dirigencia política es que trate de encontrar consensos mínimos para una mejor gestión de gobierno y para que se cumplan en Córdoba los preceptos de libertad, igualdad y solidaridad.

