Construir con sentido
El domingo próximo es el Día Nacional de la Biblia. Esta ilumina la ciencia, la política, la economía, el cuidado de la creación y toda situación social.
D esde el 2004, mediante un acuerdo firmado entre las iglesias de Argentina –y con la firma de parte católica del cardenal Jorge Bergoglio– el cuarto domingo de septiembre se celebra el Día Nacional de la Biblia. Aunque ya con el despertar bíblico del Concilio Vaticano II (1962-1965) la Iglesia Católica desde fines del siglo pasado celebraba ya en septiembre el mes de la Biblia, recordando el 30 de septiembre a San Jerónimo, que fue su primer gran traductor al latín popular.No es un libro de historia, ni una novela de ciencia ficción, ni un libro de oráculos proféticos sobre el futuro.Es un compendio de libros que surgen de la experiencia de fe de hombres y mujeres que pertenecen al pueblo de Israel y que viven en precisos momentos de su historia, que han escuchado la llamada del Dios vivo y verdadero y que han sabido o no responder entre luces y sombras. Experiencia viva Es una experiencia viva que mueve a su vez a hacer experiencia. Así lo afirma el apóstol Juan en su primera carta: "Les anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído se lo anunciamos también a ustedes para que estén en comunión con nosotros, pues nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (Primera carta de Juan 1,2-3). El apóstol habla de oír, ver, tocar y contemplar esta Palabra de Vida. Es llamativo que aunque terminó de redactarse alrededor del año 100, conserva siempre una novedad que ha iluminado a dos milenios de cristianismo y a diversas culturas del planeta.En la fuente de la Sagrada Escritura, la Iglesia inspira su liturgia y los sacramentos, encuentra la sabiduría y la fortaleza para vivir en medio del mundo, se comprende el testimonio de tantos santos y santas, encuentra sentido su religiosidad popular. La palabra de Dios respetando las respectivas autonomías ilumina la ciencia, la política, la economía, el cuidado de la creación y toda situación social.Aun hoy en la era de las comunicaciones, en el fluir de tantos mensajes, como también de tantos ruidos que aturden y confunden, hay una palabra que Dios tiene además para cada hombre y cada mujer. Palabra de vida eterna Frente a muchos discípulos que lo abandonaban, Jesucristo preguntó a sus más íntimos si ellos también lo abandonarían; y Pedro, el primer Papa de la historia, le responde enseguida: "Señor, ¿a quién iremos? Sólo tú tienes palabras de vida eterna" (Juan 6, 63); es una palabra de sentido frente a muchas palabras sin sentido. Por tanto, continuamente los cristianos estamos invitados a reavivar el encuentro personal y comunitario con Cristo en su palabra que es vida nueva, y a ser sus anunciadores para que el don de la vida divina, la comunión, se extienda cada vez más por todo el mundo. La paz, la reconciliación y la unidad de nuestra nación sólo se puede construir desde una palabra con sentido.
* Diácono católico, miembro del Comipaz

