Como decía el gran Tato Bores
La campaña electoral ya largó. Pero la urgencia de los problemas cotidianos apenas si permite concentrar la atención en los chisporroteos discursivos. Los ataques se cruzarán entre los problemas locales y los nacionales. La culpa, como siempre, será de los otros.
La campaña electoral está en marcha. El almanaque marca una primera fecha clave: domingo 11 de agosto. Ese día se realizarán las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (las Paso), instancia obligatoria para los partidos antes del verdadero desafío: el 27 de octubre.
Lo formal está cumplido. Los partidos inscribieron sus candidatos; algunos tendrán internas, otros sólo irán a las Paso para recolectar el porcentaje de votos necesarios como pasaporte a octubre.
Como se explicó en este diario el viernes pasado, ninguno de los partidos que compiten en Córdoba prevé grandes actos, masivos, como en los albores del renacer democrático en 1983. Esa forma de construcción electoral ya quedó caduca; el clima festivo de los tiempos electorales es cosa del pasado.
La urgencia de los problemas cotidianos apenas si permite concentrar la atención en los chisporroteos discursivos. Y cada vez menos, a tenor de lo que es escucha cada día en la calle.
¿Cuál será la agenda de la campaña? En este punto, se entrelazan los intereses locales y nacionales de los partidos.
Unión por Córdoba, el radicalismo y el juecismo coincidirán en atacar al Gobierno nacional, aunque con seguridad no todos utilizarán el mismo tono. La defensa estará a cargo de la lista K pura, que a su vez pondrá en la mira al Gobierno provincial, tanto como lo harán el radicalismo, el juecismo y los demás partidos.
Largaron... ¿Cómo estamos hoy? Pues, así:
La embestida del kirchnerismo contra la Justicia y la pérdida de la institucionalidad formarán parte del discurso del delasotismo y de los radicales.
Lo inauguró José Manuel de la Sota hace casi un mes, cuando presentó un spot publicitario en los canales de televisión para asegurar que él y la provincia son víctimas de un poder central impiadoso. “Nos tienen entre ojos”, dijo.
Para que fuese interpretado en modo institucional, De la Sota se cuidó de pedir el voto por sus candidatos. Fue más amplio: “Tenemos que elegir a los legisladores cordobeses que mejor defiendan a Córdoba frente al autoritarismo creciente del Gobierno nacional”.
Si ese fue el punto de partida, la incursión de Juan Schiaretti en su primer corto publicitario fue frenada por la Justicia Federal a pedido del kirchnerismo.
Pero, claro, los avisos y los actos institucionales seguirán teñidos, de manera inevitable, con la pátina de la campaña.
Lo mismo, por cierto, está haciendo el contendiente de Schiaretti, el intendente de San Francisco, Martín Llaryora, con una campaña publicitaria en la que trata de exhibir las virtudes de su ciudad.
Interna eterna. El radicalismo aún no se lanzó, al menos en la formalidad. Oscar Aguad debió contar con el aval del Congreso Provincial del partido, porque su postulación, la tercera como candidato a diputado, no se condecía con lo establecido por la Carta Orgánica de la UCR.
Además, hay un consenso explícito entre Aguad y sus adversarios en la interna, Miguel Ángel Abella y Dante Rossi, en recorrer ciudades, pueblos y barrios sin ninguna concentración grande.
La falta de recursos y el desinterés de la gente fueron las dos cuestiones de las que tomaron nota.
Por cierto, la unidad interna se convirtió en una asignatura pendiente para los radicales y dejó a muchos de sus dirigentes con una duda insalvable: ¿se hicieron esfuerzos suficientes para evitar el desgaste de las primarias?
La campaña tendrá como plus la participación del intendente de la Capital, Ramón Javier Mestre, porque debe cuidar el territorio.
¿Qué dirán los radicales? Mientras ponen el foco en lo nacional, acusarán al peronismo cordobés de ser responsable de haber entregado, dos años atrás, la lista de diputados nacionales al no presentar a Unión por Córdoba en las parlamentarias de 2011.
En la Legislatura, en tanto, radicales y juecistas jugarán sus fichas para tratar de que el delasotismo trastabille. Un ejemplo: la polémica por los gastos del pasado Carnaval Cuartetero arrancó con una denuncia del Frente Cívico (ahora convertido en “Frente Progresista Cívico y Social”) y se extendió como una mancha de aceite en el ambiente parlamentario.
Para peor, el Gobierno se ampara en el secreto de sumario judicial para no dar a conocer una cifra que, vaya obviedad, debería ser pública.
Cuestión de números
Fuera de este minué de ataques y defensas, hoy todos los partidos cuentan sus porotos. Quién le quita cuánto a quién, esa es la ecuación temprana que habrá de marcar el mensaje que cada uno enarbole para enfrentar a los demás.
Por caso, la irrupción del exministro de Economía de la Nación Domingo Cavallo, de la mano de los hermanos Rodríguez Saá, deja dudas respecto de cuánto puede arrastrar a sectores de centroderecha o conservadores, que en algún momento se pudieron alinear con De la Sota, con Aguad y ahora podrían haber jugado con Héctor Baldassi, la figura del macrismo.
Quizá no sea sustantiva la porción de votos de Cavallo, pero frente a la dispersión opositora con un adversario común, el kirchnerismo, toda papeleta puesta en la urna adquiere su valor.
Que todos apunten al Gobierno nacional podría convertirse en una oportunidad para la candidata K, Carolina Scotto.
Todos los focos se pondrían sobre ella y esto le daría la oportunidad de una visibilidad pública que exceda el ámbito universitario y académico, que es donde se mueve más cómoda.
Además, podrá aprovechar la presencia en campaña de la propia presidenta Cristina Fernández. El plafón que la jefa del Estado tenga en Córdoba encontrará su camino para canalizarse.
¿Cuánto mide esto en términos electorales? Las encuestas son variables, pero a esta altura, sin la campaña instalada del todo, resulta difícil ofrecer un pronóstico con algún grado de certidumbre.
Otros intereses serán, por caso, los de Olga Riutort, dispuesta a morderle todo lo que pueda al peronismo de la Capital, una desvencijada maquinaria que le trae a De la Sota más problemas que soluciones.
En definitiva, esta etapa mostrará a los que gobiernan en plena actividad proselitista. Deberán cuidarse, claro, de que la gestión no les genere problemas adicionales.
No habrá propuestas, si es que las tienen, ni discusiones que distraigan a la sociedad de sus principales preocupaciones: inflación, inseguridad, falta de trabajo y una larga lista de etcéteras.
Aun así, es altamente previsible que el grado de hostilidad de la campaña vaya en aumento. Y que las críticas crezcan en virulencia.
Como decía muchos años atrás el eterno Tato Bores, el gran actor cómico de la Nación, “el otro siempre tiene la culpa”. De lo que pasó y de lo que vendrá.
Las campañas electorales suelen ser tiempo propicio para descargar responsabilidades.

