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Cincuentenario no grato

En Vietnam, país que parecía olvidado de Dios, iban 13 años de guerra con interrupciones y todavía no había comenzado la “Guerra de Vietnam”.

25 de agosto de 2014 a las 12:02 a. m.
Arnaldo Pérez Wat (Periodista)
Cincuentenario no grato

El centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial robó cámara en agosto y poco se habló de otra conflagración que comenzó también en ese mes. En Vietnam, país que parecía olvidado de Dios, iban 13 años de guerra con interrupciones y todavía no había comenzado la "Guerra de Vietnam", cosa que puede decirse que ocurrió a las 8 de la mañana del 4 de agosto de 1964. En ese instante, los destructores estadounidenses Maddox y C. Turner Joy observaron en sus pantallas de radar señales amenazadoras. Informaron al presidente Lyndon Johnson que estaban esquivando lo que suponían eran lanchas torpederas norvietnamitas. A las 18.45, el mandatario notificó al Congreso sobre "ataques deliberados", razón por la cual estaba dando órdenes de bombardear las instalaciones costeras de Vietnam del Norte.Al día siguiente, el Congreso autorizó al presidente para rechazar cualquier ataque contra fuerzas estadounidenses. El senador Wayne Morse, de Oregon, declaró: "La decisión pasará a la historia como un grave error... Concedemos al presidente la facultad de hacer la guerra sin haberla declarado". No se equivocaba en lo más mínimo.Posteriormente, documentos del Pentágono escritos por Robert Mac Namara demostraron que se ocultaba al pueblo y a los medios toda la verdad sobre los objetivos oficiales.En 1969, había en Vietnam 540 mil soldados alimentados y mantenidos por puente aéreo desde Estados Unidos.El 31 de marzo de 1968, Johnson sorprendió al país exponiendo ante las cámaras sobre una iniciativa de paz: todos los bombardeos sobre Vietnam cesarían de inmediato. Y agregó que no se presentaría a elecciones.Ocho meses después, el 31 de octubre, se reanudaron los bombardeos con una violencia tal que, entre enero de 1969 y marzo de 1971, en dos años y dos meses, se lanzaron sobre Indochina, por donde se extendía el conflicto, dos millones y medio de toneladas de bombas, más que todas las que lanzó Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.Ya estaba en la presidencia Richard Nixon, quien en su campaña expuso planes para poner fin al conflicto. Nadie podía haber imaginado que transcurriría su primer período presidencial (1969-1973) y aún continuaría la guerra.El 30 de diciembre de 1972, después de conversaciones, Nixon ordenó cesar los bombardeos, y un alto el fuego para enero de 1973. Parecía cumplirse la esperanza de paz, pero los norvietnamitas ignoraron el cese. Por fin, recién la noche del 30 de abril de 1975 se acabó la agonía de 10 años, ocho meses y 23 días.En Vietnam, se estrellaron varios aforismos. "Si quieres la paz, prepara la guerra" debiera cambiarse, pues hubo que preparar para la paz a jóvenes de 20 a 22 años que habían nacido en medio de la guerra y que pasaron a engrosar el mercado de desocupados.Por otra parte, también fue un 6 de agosto, en 1945, cuando, de dos mil niños que había en clase en una escuela de Hiroshima, no quedó ni el más leve rastro. Pero ¿qué pasa con la voluntad de un presidente, como Harry Truman, cuando ordena arrojar la primera bomba atómica? En ese acto volitivo, pugnan motivos intelectuales, tales como compromiso, anhelos de poder y de fama o majestad, y móviles afectivos, como dignidad, sinceridad, resentimientos y otras vivencias negativas.Obviamente, siempre está presente el prójimo, pero no prima el amor. Este sentimiento viene a demostrar que el odio y la guerra constituyen gastos improductivos, porque, por más capitales, por más bienes materiales que se obtengan, carecerán de valor si no hay alguien con quien compartirlos.