Temas del día:

¿Cambios para que nada cambie?

Con la designación de Axel Kicillof, proclive a una economía planificada y controlada por el Estado, Cristina apuntaló sus convicciones.

23 de noviembre de 2013 a las 02:19 p. m.
Manuel Tagle (hijo) (Empresario)
¿Cambios para 	que nada cambie?

Se percibían en el ambiente aires de cambios con el retorno de la Presidenta. Su convalecencia, las prescripciones médicas, el resultado electoral y la situación cada vez más apremiante de la economía generaban esta ilusión colectiva. Con las primeras medidas anunciadas por su vocero, Cristina Fernández sorprendió con movimientos en el gabinete por primera vez en su mandato. Seguramente buscó demostrar una actitud de cambio, para complacer a una sociedad que le dio la espalda en las urnas.El flamante jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, parece haber desembarcado con intenciones de descompresión y de un nuevo estilo, haciendo gala de una mayor experiencia política que su antecesor.Sin embargo, los cambios en Economía fueron los que concentraron la máxima atención. Se pretendió insinuar un nuevo rumbo, sacrificando al ministro del área, Hernán Lorenzino; a la presidenta del Banco Central, Mereces Marcó del Pont; e incluso ofrendando la cabeza del cuestionado secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, blanco de las mayores críticas y responsable de los fracasos en el "modelo" económico.Sin embargo, con el nombramiento del nuevo ministro de Economía, Axel Kicillof –proclive hasta ahora a una economía planificada y controlada por el Estado–, la Presidenta volvió las cosas a su lugar. Apuntaló con esa designación sus convicciones ideológicas, subestimando el costo y las consecuencias. Nuestra situación económica es delicada. Las reservas se esfuman pese al cepo cambiario; la inflación vuela; el déficit energético es preocupante; el tipo de cambio y la suba de precios comprometen cada vez más la competitividad de las empresas. En síntesis, nuestra política económica hace agua. Los índices de pobreza son alarmantes en uno de los países más ricos del mundo. En las grandes concentraciones urbanas, se han desarrollado más de 1.800 villas miseria. A raíz de ese mismo informe de la organización no gubernamental Techo, se conoce que el 25 por ciento de nuestra sociedad vive en la pobreza. Si bien el inicio de nuestra decadencia se remonta a la mitad del siglo pasado, los resultados de la última década resultan inadmisibles, por haber tenido uno de los períodos más favorables de la historia, en función de los excelentes precios de los productos primarios. El país espera, ansioso, un cambio. El populismo, con su excesivo control del Estado sobre la economía, ha fracasado en todo el mundo. Es necesario respetar las instituciones, los contratos y el funcionamiento de los mercados; es decir, reencauzar el rumbo hacia una economía de mercado.Debemos volver a ser respetados como nación, integrándonos al mundo, recibiendo, por añadidura, fluidas inversiones en distintos sectores, lo que significará reemplazar de forma paulatina las dádivas paternalistas del Estado por el trabajo digno.Las inversiones y el crédito abundante, tanto interno como externo, merced a una inflación controlada, permitirían acompañar sin trastornos el traspaso de una economía con fuerte preponderancia del Estado a otra con una motorización del sector privado.Hasta los sectores a los que aún les va bien gracias al fuerte estímulo del consumo, ven con inquietud el futuro, es decir, el desenlace de esta política. Hasta ahora, la Presidenta no reconoció el mensaje de las urnas ni de la economía. Le preocupa llegar a 2015 sin asumir los costos de los desajustes generados. Sin embargo, la economía no perdona, es inexorable, el populismo se agota. No obstante, el país espera que los nuevos colaboradores hayan advertido la imperiosa necesidad de reorientar el rumbo.