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Almorzando sin morderse

Por tercer año consecutivo, por un interés genuino, las comunidades judía e islámica de Córdoba festejamos juntas nuestras Fiestas. Marcelo Polakoff.

21 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Marcelo Polakoff (Rabino, miembro del Comipaz)
Almorzando sin morderse

En la península Ibérica, no hay rastros de que haya existido almuerzo alguno que fuera previo al año 725. Y no es que la gente ayunara de día. Sucede que aquello que hasta hoy denominamos "almuerzo", necesariamente tenía otro nombre. ¿Cómo lo sabemos? Es más simple de lo que parece: la España morisca produjo un enlace inevitable entre el incipiente y local castellano y el árabe que portaban aquellos musulmanes que entraron a tierras hispánicas vía el mar Mediterráneo, en los albores del octavo siglo de la era común.De ese mestizaje lingüístico nació –entre otros tantos vocablos– nuestro bienamado "almuerzo", una combinación preciosa entre el artículo árabe al y el latino morsus , que pasado al castizo "morder" se aflojó (como varios de nuestros dientes) hasta llegar a "morzer" y finalmente "almorzar".A esta altura de estos apuntes, se estarán preguntando dónde está la conexión con el hebreo o con algo judaico, que sería lo esperable de un rabino. Sin embargo, esta vez –casi por única vez en mi columna– el interés etimológico debe inexorablemente conducirnos al árabe y al Islam. Y no es por accidente, sino por una especie de homenaje. De camaradería. Pues resulta que el pasado lunes 13 de septiembre, y ya por tercer año consecutivo, las comunidades judía e islámica de Córdoba compartimos un almuerzo de camaradería festejando juntos nuestras Fiestas. Los judíos comenzábamos un nuevo año celebrando Rosh Hashaná, mientras los musulmanes celebraban el final del Ramadán con el Id al Fitr. Y, otra vez, lo hicimos en conjunto, acompañados por distintas personalidades cordobesas, encabezadas, entre otras, por el gobernador Juan Schiaretti y el intendente de la ciudad de Córdoba, Daniel Giacomino.No es un gesto menor, y de hecho ya no es un gesto sino una muestra inequívoca de un vínculo de amistad que se sostiene hace años, apoyado fundamentalmente en la tarea continua del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz).En la ley judía, cuando una conducta se repite tres veces constituye algo que es inherente a quien la practica, ya que hacer algo por única vez o repetirlo tan sólo una podría considerarse que surgió de causalidad, o que se dio por algún motivo extraño al deseo de quien lo hizo. Ahora bien, si por tercera vez se realiza un acto, se presume que hay un interés genuino en llevarlo a cabo.Eso es lo que ha sucedido la semana pasada aquí en Córdoba, y vale la pena contarlo porque, lamentablemente, no es la noticia usual que vincule a judíos y musulmanes en otros lugares, donde en general se relacionan "mordiéndose".Vaya, entonces, este apetitoso reconocimiento a quienes tienden la mesa para compartir diálogos, sabores y saberes, haciendo de cada fiesta una oportunidad más para celebrar un encuentro cada vez más necesario.¿Acaso hay otra manera de tener un "buen provecho"?