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Alfred Rosenberg y Héctor Timerman, atormentados

Timerman vivirá atormentado el resto de sus días por haber negociado un acuerdo espurio con los responsables del ­criminal atentado a la Amia.

04 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
Jorge Jaimovich*
Alfred Rosenberg y Héctor Timerman, atormentados

Alfred Rosenberg fue uno de los principales ideólogos del nacionalsocialismo, furioso antisemita, autor de oscuros libelos que alentaban la persecución y exterminio de los judíos europeos. Cuenta el escritor Irvin Yalom, en El enigma Spinoza , que Rosenberg vivió toda su vida atormentado por dos razones.La primera de ellas, la sospecha de que por sus venas corría sangre judía por "culpa" de una bisabuela de ese origen.La segunda, que uno de sus escritores alemanes preferidos, Johann von Goethe –cuyo pensamiento Rosenberg consideraba de fundamental importancia para el surgimiento del nazismo en Alemania– haya sentido especial admiración por el filósofo racionalista judío holandés Baruch Spinoza, sobre cuyas ideas Goethe se explayó en una de sus más conocidas obras literarias.En honor a la verdad histórica y a la memoria del magistral Goethe, debe destacarse que la glorificación que el nazismo hizo del ideario del genial poeta alemán fue sólo una más de las mentiras de la propaganda del régimen que se nutrió del concepto del Fausto elaborado por el fascista Oswald Spengler.Resulta impensable arribar a una conclusión distinta frente a la clara posición del propio Goethe al respecto, quien pregonaba "Seamos nobles, humanos y buenos" en Poesía y verdad , y sostenía que el cambio provocado por la violencia era una atrocidad ( Germán y Dorotea, La hija natural )Decíamos que la admiración de Goethe por las ideas del judío Ba­ruch Spinoza originó una suerte de calvario durante toda la exis­tencia de Rosenberg, quien no lograba comprender por qué su ídolo había sentido semejante respeto por alguien perteneciente a la odiada "raza inferior".Fue tal su desconcierto que hasta llegó a negar el origen judío de Spinoza y –ya como ministro del Reich para los territorios Ocupados– visitó el Museo Spinoza en la entonces ocupada ciudad de La Haya y –según se cuenta– saqueó la colección de libros que componían la biblio­teca del filósofo para tratar de re­solver el enigma que tanto lo atormentaba.

Raro acuerdo

Salvando circunstancias de tiempo y lugar, hoy conocemos que el ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno Nacional, Héctor Timerman, un judío argentino, hizo pú­blica su renuncia como socio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia) y le notificó a la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (Daia), que le retiraba el derecho de hablar en su nombre.

Todo ello, fundado en lo que consideró un accionar “obstruccionista” de ambas entidades que –según sus propios dichos– impidió avanzar en la investigación del atentado terrorista perpetrado ya hace más de 20 años en contra de la sede de la Amia, al tiempo que acusó a las organizaciones judías de alimentar, “tal vez sin desearlo”, campañas de quienes pretenden usar dicha tragedia con fines contrarios a los intereses nacionales.

El canciller argentino –debemos recordar– tuvo activa participación en el acuerdo celebrado con las autoridades iraníes tendiente –según fuentes oficiales– a lograr el esclareci­miento de la verdad real del atentado terrorista cometido en contra de la mutual judía y de todo el pueblo ­argentino.

A tal punto llegó su participación, que mantuvo previamente reu­niones secretas con funcionarios del régimen fundamentalista iraní en la ciudad siria de Alepo. En esas reuniones se pergeñaron los principales lineamientos de dicho acuerdo, el cual una vez suscripto fue luego aprobado por el Congreso ­nacional y a la postre declarado ­inconstitucional por la Justicia ­argentina (en una causa que ahora se encuentra en Casación y envuelta en la polémica por el desplazamiento del juez subrogante Luis María Cabral).

Paralelismo

En esas reuniones previas y en la firma misma del acuerdo, el canciller llevó adelante negociaciones con los declarados responsables del atentado terrorista a la Amia, integrantes de un gobierno de clara tendencia y actitud antisemita y ne­gacionista de la Shoá (Holocausto judío) y de la existencia misma del Estado de Israel.

Tal vez el canciller no sólo debió haber renunciado en su calidad de socio de la Amia y a ser representado por la Daia. Tal vez debió haber amonestado también públicamente y tratado de “obstruccionistas” a los 113 diputados y 31 senadores nacionales que votaron en contra de la aprobación del acuerdo y a los jueces de la Sala 1 de la Cámara Federal que lo declararon inconstitucional. Y para no ser menos, nos preguntemos cómo calificaría Timerman al propio gobierno iraní, cuyo Parlamento jamás se dignó a tratar dicho acuerdo para su aprobación.

A esta altura del relato, el lector podrá preguntarse cuál es la conexión existente entre Alfred Rosenberg y Héctor Timerman. Pues bien, además de que ambos renegaron a sabiendas de su origen, uno instigando el genocidio judío y el otro apañando al terrorismo anti­semita, Rosenberg vivió atormen­tado por descubrir las causas de la admiración que sentía Goethe por Spinoza, mientras que Timerman vivirá atormentado el resto de sus días por haber negociado un acuerdo espurio con los responsables del criminal atentado a la Amia y tratando por todos los medios de volcar sus culpas sobre aquellos a quienes debió defender como argentino y como judío.

*Abogado