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Al rescate de la autoridad

Contra todo preconcepto, los chicos esperan que sobre ellos se ejerza autoridad. 

19 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Enrique Orschanski*
Al rescate de la autoridad

Contra todo preconcepto, los chicos esperan que sobre ellos se ejerza autoridad. La blanda y afectuosa autoridad que les devuelva seguridad, modelos por seguir e ilusiones. Desde su sencilla lógica, esperan que ello provenga de los adultos. Sin embargo, la autoridad, en términos de primacía e influencia positivas, aparece hoy desdibujada. Las causas son diversas. Hubo cambios en las estructuras familiares que, al aportar horizontalidad, desarmaron antiguas jerarquías donde a los padres sólo se los acataba. También se flexibilizaron las formas en el trato cotidiano, lo que dio lugar a una fresca espontaneidad y a vínculos más blandos. Algunos roles se desacralizaron, como la omnipotencia del padre y la omnipresencia de la madre.Lo cierto es que la autoridad paterna se fue desdibujando. Más definida por dudas que por certezas, la debilidad asoma cada vez que se "asocia" a hijos pequeños en decisiones adultas.En la escuela, el panorama es parecido. La autoridad de los docentes aparece por momentos acorralada entre dos fenómenos: la multitud de alumnos desmotivados y el conocimiento migrando hacia Google.Una consecuencia directa es la imperiosa necesidad de entretener para aprender. A esta idea, apoyada por no pocos padres, se enfrentan todos los días valerosos maestros que no logran imponer su autoridad porque el conocimiento –cotidiana herramienta de trabajo– se encuentra devaluado como valor social.El planteo no es nuevo. Un texto cita: " Algunos maestros intentan ganarse el beneplácito de sus discípulos insistiendo en que la adquisición de conocimiento puede resultar divertida. Por su carácter exclusivamente humano y por los beneficios que reporta, el aprendizaje exige disciplina y esfuerzo. Nadie que no esté dispuesto a pagar este tributo debería acercarse nunca a la mesa de la sabiduría". Esto escribía Maimónides alrededor de 1190.Algunos docentes buscan agilizar el proceso de enseñanza/aprendizaje incluyendo estrategias que consideren la diversión, aunque no todos los chicos llegan a distinguir el esfuerzo puesto en juego, y banalizan la tarea.La autoridad docente a veces también es apaleada en escenas familiares. "¿Quién te dijo eso?", pregunta un padre. "La seño", contesta el hijo con cautela. "No creo, buscalo en internet". Así, proyectos pedagógicos trabajosamente elaborados se derrumban, mientras los chicos quedan sin saber a quién escuchar.Y si es evidente la caída de la autoridad en ámbitos familiares y escolares, es importante no olvidar un tercer espacio de constitución del individuo, que es el Estado. Las gestiones de personas que ejercen cargos en el Estado son modelos tan influyentes para los chicos como los gestos de crianza de padres o los esfuerzos educativos de maestros. Son oportunidades de formación cívica.Cabe aclarar términos en un país que en los '70 soportó una autoridad violenta que arrasó con los derechos y principios de convivencia humana. No es igual autoridad que autoritarismo. Despojados de los horrores del autoritarismo, resulta impostergable para las nuevas generaciones recuperar la confianza en autoridades legales y honestas.Así como con sus padres y maestros, los chicos miran a los dirigentes. Aprenden de sus actos y de sus faltas, de su compromiso o ausencia, de sus aciertos –medidos en logros para la sociedad– y de los errores que, por masivos, demuelen credibilidad.Todas las autoridades (una sola, para los chicos) construyen infancias. Desacreditar una significa desacreditar a todas, dejándolos huérfanos.La autoridad paterna debería surgir de personas amorosas y asertivas, sin crianzas complacientes y que tomen decisiones por convicción, no por cansancio.La autoridad docente debería consolidarse en alianzas con las familias, recuperando el prestigio deslucido por una larga postergación social y económica. Y la autoridad estatal aparecerá cuando dirigentes den prioridad al bienestar público antes que al propio. Sin engaños que hasta los más pequeños descubren con facilidad. La autoridad –la única– podría devolver las esperanzas a los chicos, quienes las piden de todas las maneras posibles. * Médico.