Yo no dije lo que dije
Es muy posible que Roger Waters no fuera consciente de lo que estaba haciendo en 1966, cuando fundó Pink Floyd. Eduardo Bocco.
Es muy posible que Roger Waters no fuera consciente de lo que estaba haciendo en 1966, cuando fundó Pink Floyd.
No importa el tamaño de su ego. Ni la persona más presumida de la tierra podría anticipar que lo que plantó el músico en aquellos años crecería de la manera en que creció.
Waters y sus amigos calaron hondo en los muchachos de aquella generación sesentista y en las posteriores.
Estética e ideológicamente, los Pink Floyd provocaron un sacudón más que importante. Las pruebas están a la vista, de eso no hay hoy ningún tipo de dudas.
Seguro que ni los mismos integrantes del grupo hubieran apostado por la banda o por lo que estos por entonces jóvenes músicos provocaron en la comunidad internacional. La pared, el muro o simplemente The Wall es la marca, la señal que es difícil de ignorar.
Sólo eso convierte al padre intelectual de Pink Floyd en un mito. Así se lo hace saber el mundo al talentoso músico que hoy nos visita para el deleite directo de los casi 500 mil seres humanos que asistieron y asistirán a sus conciertos y para los cientos de miles que verán parcialmente el show en las síntesis de la TV.
Eso no le da derecho a Roger para convertirse en un demagogo de frases ordinarias y chatas, de las que nadie necesita.
Sin que nadie se lo pidiera expresamente, le gritó al mundo desde Chile que las Islas Malvinas son argentinas. Dos días después se arrepintió y en el muro de su cuenta de Facebook dijo que no dijo lo que dijo.
En cambio, volvió a abogar por la paz y por la solución pacífica del conflicto por el archipiélago que los ingleses no conocen y que una buena parte de los argentinos recuerda para fechas patrias y aniversarios del inicio de la guerra.
La ciudadanía inglesa es indiferente a esta cuestión que el primer ministro británico David Cameron trató de reinstalar hace un tiempo para el beneplácito de las autoridades argentinas, que se prendieron rápidamente en la esgrima verbal y en fuertes debates en foros internacionales.
Los intelectuales del Reino Unido rechazan la postura de gobierno de Cameron y algunos, de gira en Latinoamérica, lo expresaron de manera contundente. El ejemplo es otro músico: Morrisey, quien apenas pisó Buenos Aires se solidarizó con el reclamo argentino.
Esa dosis de demagogia molesta, aunque en el caso de Waters el enfoque es distinto. Apoyó el pedido argentino y luego lo morigeró.
Se sacó la foto con la presidenta Cristina Fernández y con Abuelas y Madres de Plaza de Mayo.
La cuestión se empaña y no termina de quedar en claro si es un acto de una persona convencida o puro marketing.
No le hace falta a Roger hablar a favor de Argentina para que los argentinos veneren su música.

