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Vidas clandestinas

18 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Vidas clandestinas

Los que llegan a pasar todas las peripecias que los aguardan hasta llegar a Estados Unidos, llevarán allá, en el mejor de los casos, una existencia oculta. Vivirán enclaustrados, prisioneros en Los Ángeles, Nueva York o Miami. Deberán cumplir una sentencia de autoencarcelamiento en un espacio limitado. ¿Tiene sentido?

México, como Estados Unidos, como Europa, como Israel, se defiende con obras teatrales: responde a la inmigración construyendo más vallas; aumentando controles y pasaportes biométricos.

Si los inmigrantes latinoamericanos cruzan a pie, construyen muros en el desierto; si los africanos llegan en barcos a las Canarias, aumentan las guardias costeras; si los centroamericanos son "ilegales", levantan prisiones y, si deben regresar, son metidos en aviones y ómnibus para deportarlos; si son indocumentados como en Arizona, ahora están criminalizados; si son asfixiados por mar y tierra como en Gaza, los asesinan a sangre fría con absoluta impunidad.

Pero la horda del Sur del mundo no deja de crecer, ése es el problema para ellos. Y ya no hay ningún método que los detenga. Al fin y al cabo, el escenario está dirigido a hacer creer a sus ciudadanos, con hechos visibles, lo que no pueden dar: libertad, dignidad para que la gente viva bien donde nació. Y el teatro se desmorona sin más, porque el espíritu humano está hecho de sueños, aunque algunos crean que pueden encerrarlos y hacerlos invisibles.