Una pampa sin orillas, y otras formas de escribir sobre Córdoba
Fragmentos de los libros escritos por Efraín Bischoff.
"La pincelada de un flamante sol invernal, derramándose en el paisaje de ariscas serranías, de arroyos murmuradores deslizándose por los valles y el inicio de una pampa sin orillas, habrá sorprendido al valentón de don Jerónimo Luis de Cabrera (…) Así se tiró la raíz de la puebla cordobesa sobre la hondonada de Quisquisacate. Se acostumbraría a quedarse en el cuenco de ese lugar geográfico, como si hubiera presentido ser el centro de un inmenso país. Habría de tardar en salir a buscar las crestas de las colinas que la aprisionan. Remoloneando en su existencia paciente, pero en cuyos arranques demostró poseer empaque para conseguir lo apetecido, aun a costa de rebeldías insospechadas". (Los colores de un siglo, 1998).
"Hay instituciones dentro de la órbita del Estado acerca de las cuales pocas veces se dicen palabras de elogio." (Siempre dolió pagar impuestos, 1997)
"No es posible dejar de tener la certeza que ante aquellas figuras femeninas que en Córdoba pusieron la emoción de su presencia en las reuniones a las que acudió San Martín, no haya este sentido más hondamente la ausencia de quien desde hacía poco más de una año era la partícipe de sus sueños y esperanzas, doña Remedios de Escalada, la frágil y dorada espiga que recién se estremecería nuevamente en sus brazos largo tiempo después, al instalarse en Mendoza". (San Martín y las mujeres cordobesas, 1993)
"Ambas pasiones (el humor y la política) tienen el cosquilleo de lo histriónico en su médula. La política porque utilizó siempre el ejercicio de los tramoyistas para atrapar la voluntad de las multitudes. El buen humor porque tomó el atajo del sarcasmo o de la fina ironía para hacerse presente y llamar la atención acerca del otro lado de cualquier estrella. Ninguna de las dos actividades fueron ni son fáciles de manejar". (Política y buen humor en el periodismo cordobés, 1993).
“La torre sobre la fachada del Cabildo y su reloj, sirviendo de ornato a la vieja construcción, habían provocado no pocas controversias a lo largo de los años, desde su instalación hasta su desmantelamiento. No siempre dejaron de tener razón quienes miraron con desconfianza las paredes aguantadoras
del peso de aquel mirador, cuyo estilo arquitectónico dio también motivo para polémicas. Y si acaso se tuviera, peregrinamente, la idea de reflotar el proyecto de 1881, volveríamos a las andadas, sacudiríamos el polvo de muchos recuerdos y terminaríamos escuchando las quejas de las paredes, a pesar de haber demostrado tener singular resistencia". (La torre y el reloj del Cabildo, 1996)
"Es inoficioso recalcar que el juego adquirió ribetes muy perniciosos en algunas épocas. Desgraciadamente, los viajeros que dieron testimonio de cómo se desarrollaba la existencia cordobesa de esos tiempos, casi en su totalidad no tuvieron en cuenta estos aspectos del vivir de nuestros habitantes. Apenas si rozan la organización familiar y se complacen en destacar lo santificado del ambiente, la riqueza espiritual de los hogares, los muchos templos, el lustre cultural, y pareciera que todo está alimentado por el afán de no pisar el terreno de la corrupción". (La pasión del juego en la Córdoba del Tucumán, 2004).
"Calles polvorientas por donde venían de distantes lugares los carretones hinchados por los frutos de la tierra tras de la mansedumbre de sus bueyes y adornados por el cantar triste de sus conductores. Crujir de leguas en las ruedas altas buscando un descanso en la anchurosa Plaza de las Carretas, donde la amistad del camino era rasguido…". (Córdoba de antaño. Volumen I. De la Colonia a 1880, 2004).
"Siempre es propicia la ocasión para un regreso en la búsqueda de imágenes y de paisajes de una Córdoba de ayer. Descubrimos pasiones, atisbamos alegrías entreveradas con penurias, afloran nostalgias de quitapenas y sorprendemos el titilar de alguna estrella que sospechábamos desaparecida para siempre en el firmamento de la historia". (Las avispas de "El Panal", 1996)
"Arriba de San Vicente… Todos los barrios, los que poseen cierto reposo tradicional, sobre todo, tienen su prolongación. Son los retoños copiadores de modalidades del tronco primitivo, hasta que la vida les entrega imaginación como para crearse su propio aprovechamiento de imágenes y van escribiendo su historial con matices muy suyos. San Vicente tiene la suerte de haber asistido a tales apasionamientos barriales y le cuesta desprenderse de lo que fue su jurisdicción". (Historia de los barrios de Córdoba, sus leyendas, instituciones y gentes, 1986)
“En la pausa del domingo, era la diversión mejor concurrir al Parque Sarmiento, soleado y verde, y donde muchos miraban desde lejos a quienes en el chalé de la Isla Crisol participaban de algún festejo rumboso. Una sociedad de raíces burguesas, con muchas familias en las que los brotes del patriciado habían tenido que admitir la pujante vitalidad de ‘los gringos que hicieron plata’, tenía una marcada división de una clase media que, en ciertas épocas, pareció teñida de resignación para seguir su paso sin apresuramiento. Veranear era un lujo y un viaje a Buenos Aires un acontecer que, cuando se hacía en el tren
Rayo de Sol, y si la persona era de cierta figuración, servía para una nota gráfica periodística". (Historia de Córdoba. Cuatro siglos, EUB. 1995)
"Te quiero como entonces, barrio mío del alto,/ simple, callado y triste como balcón de invierno / Calles que se adornaron con sus flores de barro / y el pasar de los trenes con ladridos de perros // Igual que en otros tiempos me gusta imaginarte / la esquina de los hornos y la ronda en la noche / Tus cansado tranvías de guapos mayorales / rodando entre chirridos por Fragueiro hacia el norte…// La rumorosa acequia de la calle Cervantes / y las empanaderas del galpón ferroviario / las uvitas del campo en el cerco de alambre/ y la luna redonda bañándose en los charcos.// La cancha de Instituto y el potrero de enfrente/ y en los claros domingos, revuelo de muchachas / al ir la banda lisa del Regimiento 13,/ con sonrisas y aplausos, floreándose en las marchas". (Cielo de patio, fragmento del poema "Aquella Alta Córdoba", 1994.)

