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Una mano amiga al final del camino

Mercedes de la Vega Luque eligió como misión una tarea difícil: acompaña a personas sin recursos económicos que padecen enfermedades terminales y están alojadas en la Casa de la Bondad.

06 de noviembre de 2011 a las 12:02 a. m.
Una mano amiga al final del camino
Mercedes de la Vega Luque (Antonio Carrizo / La Voz).

Edad: 59 años.Ocupación: ama de casa y voluntaria.Vive en: Córdoba capital.Motivo por el que es candidata: asiste a enfermos terminales.Mercedes de la Vega Luque eligió como misión una tarea difícil: acompaña a personas sin recursos económicos que padecen enfermedades terminales y están alojadas en la Casa de la Bondad. Con una tranquilidad de espíritu envidiable, asegura que el bien genera bien y que la actitud de servicio es algo que se contagia.

Es ama de casa y por elección propia se dedicó a cuidar y criar a sus 12 hijos. Sin embargo, en 2001 le propusieron y aceptó participar del proyecto Casa de la Bondad de la organización no gubernamental Manos Abiertas. “Mi voluntariado consiste en tratar con la persona enferma. Vengo una vez a la semana de 8 a 14.30”, cuenta.

A los que pueden, les ayuda a tomar el desayuno, los lleva al living y los acompaña hablando o en silencio.

“A veces tienen ganas de conversar y otras no. Cuando llega la hora del almuerzo, a algunos los ayudamos a alimentarse, pero a los que ya no pueden hacerlo simplemente los acompañamos”, relata.

“Gastar la vida” con alegría y responsabilidad haciendo trabajo solidario es su elección.

Uno de los momentos más movilizadores en su trabajo consiste en acompañar a los enfermos antes de su muerte. “Haber acompañado, por ejemplo, tomándoles la mano antes de su partida es algo importante para mí. Me gratifica saber que puedo ayudar a que mueran con dignidad y en paz”, asegura. Al mismo tiempo, advierte: “Estar en contacto con la muerte te hace cambiar la perspectiva de la vida”.

Para ella, esa instancia tan temida pasó de ser algo oscuro a un tema enigmático. “Es un paso trascendental que hacemos todos. Antes de partir nos enfrentamos al misterio de la existencia. En esas situaciones veo cómo las personas después de morir se relajan, su rostro cambia y se van en paz. Es muy importante que sientan que valen como personas y que son importantes para alguien”, finaliza convencida.