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Una inflación preventiva

La discusión está planteada en si aumentar los precios indiscriminadamente por razones preventivas conforma una conducta criminal.

07 de diciembre de 2015 a las 12:01 a. m.
Una inflación preventiva

Durante el gobierno de George W. Bush, los agresivos estrategas norteamericanos desarrollaron y aplicaron como innovación bélica los "ataques preventivos", generalmente bombardeos por las dudas sobre algún estado del mundo (Irak, por ejemplo) a partir de la sospecha de que pudiera llegar a atacar Tucson, Boston o Memphis con algún tipo de gas o de armas por el estilo. Esta doctrina escandalizó e infundió temor a buena parte del mundo. Una década después, en los últimos días del kirchnerismo, los agresivos formadores de precios de Argentina desarrollaron y aplicaron los "incrementos de precios preventivos", generalmente aumentos de los productos de la canasta básica por las dudas se devalúe nuevamente el peso. Esta doctrina, que se está aplicando intensamente en las últimas semanas, no sólo infunde temor en los consumidores argentinos, sino que es mirada con espanto por los mismísimos estrategas norteamericanos. "Hemos liberado el genio de la botella y ahora está sin control", habría afirmado con preocupación Condoleezza Rice, exconsejera de Seguridad Nacional de Bush, al conocer la derivación argentina de su estrategia de guerra preventiva.Es indiscutible entonces que quienes determinan los precios en las góndolas del país abrevaron finalmente de aquella formulación bélica norteamericana, lo cual tiene un inconveniente grave: académicos de alto prestigio y juristas internacionales afirman que esta doctrina vigente del Pentágono está fuera de toda regla y hasta podría calificarse como "crimen de guerra".La discusión entonces está planteada en si aumentar los precios indiscriminadamente por razones preventivas conforma una conducta criminal.Algunos consumidores no tienen dudas: "Son unos criminales", asegura sin filtro Miguel Fiambrero, consumidor habitual de salamines, visiblemente enojado con el aumento preventivo de su producto preferido. "Cada vez llevo salamines más pequeños que pesan menos y permiten bajar los costos, pero después del último aumento preventivo me estoy llevando uno de 4,5 centímetros que me alcanza para cinco rodajas", explicó. "Por suerte en mi familia somos cinco, así que alcanza una rodaja para cada uno en la mesa navideña", se consoló. Se puede concluir entonces que las consecuencias del "preventivismo" en los precios podrían llegar a ser para los bolsillos de los consumidores argentinos tan devastadoras como un bombardeo de la Otan, debido al alto grado de dolarización de la economía argentina. "Yo fabrico empanadas, y seguramente no faltará el que me señale y diga que no debo aumentarlas porque se trata de un producto autóctono, pero lo que nadie sabe es que las empanadas que se venden en el país tienen un componente importado que es el repulgue, que se trae desde China", afirma Carlos Carbonada, especializado en empanadas chaco-salteñas en horno solar.En igual sentido se pronunció "el Monarca del Chori", quien asegura que el clásico choripán argentino tiene un componente importado esencial que es el chimichurri vietnamita, que, como su nombre lo indica, es importado de Vietnam y que originalmente fue desarrollado por el Vietcong como arma química para ser arrojado a los ojos de los soldados norteamericanos (la fórmula original es la que condimenta nuestros difundidos emparedados criollos). Frente a los hechos consumados de las demarcaciones a "góndola caliente" que se están registrando, la pregunta que muchos desesperados consumidores se hacen en este momento es qué podría pasar con los precios si la anunciada devaluación macrista finalmente no se efectúa. ¿Es posible la vuelta atrás?Según explica uno de los mentores e ideólogo de las subas preventivas, José del Alza, estos aumentos "preventivos" no tienen marcha atrás por dos razones: primero porque los formadores de precios son ante todo coherentes, y segundo porque sería un mal ejemplo que conspiraría contra numerosas campañas de prevención que hoy están muy difundidas (prevención de enfermedades cutáneas, prevención del embarazo precoz, prevención del fuera de juego, etcétera). "La gente diría: 'Al final prevenir para qué'", razona Del Alza.Pero si se produce efectivamente la devaluación, en teoría ya debería haber más remarcaciones. "De ninguna manera", explica Del Alza, "habrá nuevas subas preventivas por futuras devaluaciones, posibles desastres naturales o lo que pueda llegar a venir. El lema de los formadores de precios es: ante la duda, aumento".Frente a posiciones tan irreductibles, los consumidores tratan de defenderse dedicándose a las huertas caseras para zafar de las verdulerías, criando algún cebú en el patio para garantizarse carne fresca o recurriendo a los remedios caseros para evitar las farmacias. Otros, en cambio, apuestan a un boicot de consumo, un tira y afloja que a Gandhi le dio resultado con los productos ingleses en la lucha por la independencia de la India. Pero para que los apagones de compras sean efectivos se necesita conducta, sobre todo de parte de los consumidores compulsivos.