Un faro, más allá de la peatonal
Con la ciudad donde vivimos, cada uno de nosotros vive un romance interminable. Eduardo Bocco.
Con la ciudad donde vivimos, cada uno de nosotros vive un romance interminable, más allá de las discusiones, de las críticas, de las constantes objeciones y de las bravas respuestas a administraciones incompetentes. El millón largo de personas que disfruta y sufre de la ciudad de Córdoba ha reaccionado de distintas maneras antes los últimos acontecimientos provocados por los gobernantes, en el sentido de realizar cambios importantes en la fisonomía urbana.La propuesta del intendente Daniel Giacomino de retirar las pérgolas del área peatonal pretendió dar rápida respuesta a un problema de seguridad, pero provocó un shock afectivo en la gente. El faro del Bicentenario propuesto e inaugurado la semana pasada por el gobernador Juan Schiaretti también dejó comentarios de todos los colores.Si bien el tradicional paseo del centro de la capital y el novedoso faro son dos manifestaciones arquitectónicas completamente diferentes de la Córdoba contemporánea, tienen un punto en común: el afecto de la gente (existente en el primer caso, y por generarse en el segundo).En un intento por mantenerse activo y eludir los constantes reproches de la sociedad que alguna vez lo votó y que hoy lo asume con resignación, Giacomino apareció la semana pasada con una "buena nueva": las pérgolas de dos cuadras del área peatonal serían retiradas en pocos días. Adujo cuestiones de seguridad ante la eventualidad de incendios, tras lo cual recalcó que había tomado nota del tema tras un informe de este diario sobre el problema.En realidad, se trata de un problema que tiene tres décadas; es decir, se remonta al momento en que se instalaron las ya afamadas pérgolas que se distribuyen por las principales calles del paseo.Las autobombas no pueden entrar en caso de incendio y hay serias dificultades de traslado en caso de problemas serios. Un largo camino de idas y vueltas entre el intendente, Bomberos y la Policía dio un toque casi desopilante a la resolución del tema. Dijeron y se desdijeron, avanzaron y retrocedieron. Corolario: no hay nada demasiado claro.La resolución de este inesperado proyecto pinta de cuerpo entero a la administración del intendente Giacomino, quien a lo largo de toda su gestión ha exhibido severos problemas de liderazgo. El faro es una ocurrencia del gobernador y su construcción mereció adhesiones y rechazos por igual.Muchos cordobeses consideraron que se trata de una obra que distinguirá a Córdoba. Otros tantos reprocharon la oportunidad y consideraron que en este momento existen otras prioridades. Las obras públicas pueden tener un sentido práctico, estético o ambas cosas. Lo que debe quedar suficientemente claro es que no tienen que surgir de caprichos de nadie, ni ser respuesta a nadie o a nada.Los gobiernos y los gobernantes deberían grabarlo a fuego.

