Un cielo para los escultores
En Resistencia, Chaco, sucedió de nuevo: artistas y pueblo se unieron para disfrutar de la Bienal del Bicentenario, que día a día tiene más prestigio internacional.
Resistencia tuvo un sueño, uno original, de esos que sólo pueden echarse a volar amarrados a la convicción, única herramienta que convierte la verdad de los sueños en realidad. Pasó cuando el siglo 20 comenzaba a enturbiarse en su largo final, y hace sólo una semana, en el rincón señalado de la ciudad, un intenso rumor en el que cabían el sonido de las sierras, las amoladoras, los martillos neumáticos y las voces de una multitud entusiasmada, afirmaba que aquel sueño se había vuelto un gigante.
"Es un acontecimiento cultural asombroso que presenta proyecciones insospechadas, aun para los que se atrevieron a diagramar la idea", decíamos en 1991, en la crónica de lo que fue el cuarto certamen nacional y primero internacional de escultura en madera, como se había planteado entonces la propuesta que se realizaba en la Plaza 25 de Mayo. En la Bienal del Bicentenario que acaba de terminar, la más vigorosa de todas las ediciones desde aquella inaugural de 1988, hubo una competencia internacional, otra nacional e incluso una de equipos de escuelas de Bellas Artes de casi todo el país. Pero la esencia del encanto sigue siendo la misma: los escultores trabajando a cielo abierto, dándole formas, sentidos y significados a la materia frente a los ojos de la gente, ansiosa por comprender, por interpretar y por dejarse maravillar frente al proceso de creación.
Y acaso es precisamente la gente, su relación con las esculturas y con los escultores, su generosidad para convivir con el arte y para convidar con un mate a los artistas, la que le da un sello distintivo a unos de los principales encuentros-competencias del mundo, pues su dimensión hace rato ya que ha transpuesto fronteras.
Para entender al pueblo de Resistencia, habría que contar que hace un poco más de tres décadas, con el impulso de los hermanos Aldo y Efraín Boglietti, del mítico grupo bohemio-cultural "El Fogón de los Arrieros", comenzaron a emplazarse esculturas en las calles.
"Lo de Resistencia es un extraño fenómeno. Chaco es una de las provincias más pobres, con altos índices de analfabetismo, de mortalidad infantil, hay dengue, piqueteros a toda hora que a veces rompen vidrios; sin embargo, no hay una sola escultura marcada", sostiene Fabriciano Gómez, el gran escultor, de renombre mundial, que ahora pone todo su empeño al frente de la Fundación Urunday, la que tiene a su cargo llevar adelante cada edición, y que siempre cuenta con el apoyo de las autoridades chaqueñas, e incluso de la Unesco.
Fueron precisamente los relatos que Fabriciano traía de sus incursiones al exterior los que encendieron la semilla que brotó cuando Reynaldo Martínez fue nombrado al frente de Turismo. "Ahora, hagámoslo", dijo, y la historia que puso en marcha un grupo de voluntades resueltas ya no se detuvo (el "Premio de los Niños" lleva el nombre de Reynaldo Martínez, ya fallecido). El encuentro se transformó, además, en el principal atractivo turístico chaqueño.
En el paisaje urbano. Cada una de las obras que se realizan en las bienales tiene como destino ser emplazada en algún lugar de la ciudad, incluido el predio del domo donde se monta el gran escenario. Ahora, con más de 550 obras en las calles, Resistencia justifica todavía más su apodo de "la Ciudad de las Esculturas".
"Esta ciudad ha hecho docencia, no sólo en Argentina sino en toda Latinoamérica", decía el escultor Oscar de Bueno, de la ciudad de Buenos Aires, quien participó como invitado de la organización, fuera de concurso. "Para nosotros los escultores -agregaba-, el hecho de que las obras queden emplazadas en un espacio público tiene un valor agregado. No sólo porque están al alcance de más público, lo que está bueno, sino porque una obra puesta en un espacio público lo transforma, y lo transforma esencialmente. Las obras empiezan a generar mojones y el lugar ya no es sólo de tránsito, sino también de convivencia".
De Bueno sostiene además que se abren otras instancias al momento de la creación, pues se deben tener presente en el planteo que la obra a la intemperie "afrontará lluvia, frío, calor, contracción, dilatación. Además, la iluminación ya no será la de los museos o de las galerías de arte".
Para Rosa del Valle Cabral, la escultora que representó a Córdoba en la competencia nacional, que ya tiene alrededor de 80 experiencias de trabajar al aire libre (incluidas tres en Canadá, para obras hechas de nieve compactada), lo que se genera en Resistencia "es muy fuerte". Y contaba: "Los dos primeros días, entre el frío y la lluvia, la presencia de tanta gente me produjo cierta ansiedad. Pero luego me calmé. La gente es muy agradable. Lo primero que pregunta es qué es lo que estoy haciendo, por qué esta obra. La necesidad de entender se expresa claramente, sin ningún problema ni prurito".
Juan Sebastián Molina, uno de los jóvenes que integraba el equipo de Bellas Artes de la UNC (junto con Noelia Correa y Rodrigo Barbera), no salía de su asombro al comentar que meses atrás había descubierto en Internet la obra de la escultora letona Solveiga Vasiljeva, y ahora la tenía esculpiendo ante sus ojos.
Resistencia y la Bienal del Chaco son un modelo de sueño y consecuencia, de competencia en fraternidad; son la prueba de que un pueblo y sus artistas pueden echarse a volar juntos y construir un legado de maravillas.
Los ganadores
Tobel, de Alemania, ganó el primer premio de la Bienal Internacional de Esculturas de este año, por su obra "Identidad", una huella digital hundida en una placa de mármol travertino. En este caso, la decisión del jurado, integrado por el holandés Adri A.C. de Fluiter, el italiano Federico Brook y el venezolano Ramón Morales Rossi, coincidió con la votación de los propios escultores. El tema de la reunión internacional era "La globalización".El certamen nacional, en tanto, fue ganado por Jeremías Salgado, de Chubut, con la escultura en madera titulada "Pluma". El tema fue "Pueblos originarios".

