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Tráilers de películas: endúlzame los oídos

Los avances de las películas ya se han convertido en un arte en sí mismos. Son piezas con un poder de persuasión tal que no sólo publicitan un estreno, sino que también buscan conmover el espíritu del espectador.

18 de enero de 2016 a las 12:01 a. m.
Juan Pérez Gaudio
Tráilers de películas: endúlzame los oídos
(Los 8 más odiados, 2015).

“Tenemos muchas tradiciones, algunas buenas, algunas malas, sin embargo no estaría aquí hoy de no ser por nuestra más grande tradición: ¡honor!, señor”.

Los tráilers de películas, con el paso del tiempo, las nuevas tecnologías y la fuerza del marketing se fueron convirtiendo en pequeñas obras de arte.

En algunas ocasiones, se parecen a pequeños instantes filosóficos formados por frases que tranquilamente podrían ser parte de un libro de autoayuda.

Quizá la película, luego, no sea tan buena, pero su colilla –como antiguamente se le decía– siempre tiene el objetivo persuasivo de poder conmover nuestros sentidos.

La película Hombres de honor, protagonizada por Robert De Niro y Cuba Gooding Jr, cierra su avance con la frase que inicia este relato; frase tan moral y perfecta que si fuera uno el que debiera pronunciarla, nos convertiría en un verdadero héroe de la ética, tan ausente hoy, y digno de la admiración o sorpresa de los que nos rodean.

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Comienza aquí un breve repaso de frases que los tráilers destacan. Frases emotivas y motivadoras, creadas por la pluma de grandes guionistas del cine. Luego, verdaderos maestros de la persuasion y la edición las encuentran, extraen y descontextualizan del guion de la película para brindarnos, tal vez sin pensarlo, en una segunda lectura, herramientas psicológicas que iluminarán nuestros trayectos en la vida.

Deberemos imaginar un poco. Tonos de voz, miradas, pausas, gestos. Al final, parecerá que la verdad revelada que anhela un mundo mejor, más honesto, sincero y humano, existe, está al alcance de nuestros ojos. Se construye poniendo en práctica esos breves conceptos emocionales que los actores transmiten tan convencidos a través de la magia de esos minutos de propaganda marketinera.

Mentiras verdaderas

“Tenemos una misión aquí, quitarles rápida y despiadadamente su humanidad y hacer algo mejor de ustedes: convertirlos en médicos”.

La película Patch Adams, con Robin Williams, comenzaba a presentarse así en los cines. Vaya paradoja, descontextualizada o “contextualizada” parece una radiografía perfecta de un sistema de salud que, en muchas ocasiones, se olvida de las personas.

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–Hay lugares en el mundo que no están hechos de piedra; hay algo adentro que no pueden tocar.

–¿De qué hablas?

–Esperanza...

La cinta Sueños de Libertad (Tim Robbins y Morgan Freeman) que tiene como escenario una cárcel, nos inyecta una dosis de ilusión instantánea que, por unos segundos, sugestionados por estar en un lugar en penumbras más esa música emotiva que acompaña la frase y te envuelve sensiblemente en la butaca del cine, casi que te susurra al oído que la vida siempre... es de color rosa. Ojalá.

–¡Levántese! ¡No se puede sentar ahí!

Colin Firth, en el papel del rey Jorge VI, increpa a Geoffrey Rush, que interpreta al profesor que ayudará al monarca a superar su tartamudez en la película El discurso del rey.

–¿Por qué no? Es una silla...

–E-es la la si-silla de San Eduardo.

–La gente escribe su nombre en ella...

–¡Escúcheme! ¡¡¡escúcheme!!! –el rey pierde de repente su tartamudez.

–¿Porqué voy a perder el tiempo escuchándolo?

–Porque tengo voz– grita Jorge VI.

–Sí... tienes.

Qué ganas de levantarme, correr hasta la puerta de mi casa o de mi trabajo, abrirla de un sopetón y decir lo que pienso. ¡Porque yo también tengo voz! Pero con una gaseosa en la mano y el pururú en la otra, uno termina reprimiendo ese impulso de valentía. O quizá sí, esa escena sea el empujón que nos hace falta para ponerle palabras a emociones, pensamientos, decisiones o ideas que tenemos atragantadas y no nos animamos a decir.

Es que todos tenemos voz, sólo hay que saber usarla.

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Las frases de los tráilers tienen un parecido a estrategias de apoyo psicológico o semejanzas a ciertos análisis sociológicos del comportamiento humano.

Son pequeños argumentos que te apuntalan y te llevan a anhelar situaciones de grandeza que harán que tu mundo sea el que inocentemente se sueña como un lugar perfecto.

Y en otras ocasiones, nos sorprenderemos con definiciones perfectas de la realidad.

Moneyball, el filme en el que Brad Pitt interpreta a un mánager de un equipo de béisbol de las Grandes Ligas, tiene una escena en su tráiler que define, casi a la perfección, los prejuicios del común de la sociedad.

En una gran mesa, los dirigentes del club buscan nuevos jugadores.

–Me gusta Pérez.

–Tiene una novia fea... y una novia fea significa que no tiene confianza.

Tomá mate.

–Todo lo que me dicen es que esté mejor, no te preocupes, todo estará bien... y no lo está.

–No puedes cambiar tu situación, lo que puedes cambiar es cómo eliges llevarla.

El diálogo pertenece a la colilla de la película 50/50, historia de un joven enfermo de cáncer (interpretado por el actor Joseph Gordon-Leavitt) con un 50 por ciento de chances de sobrevivir.

Recuerdo que mi psicólogo siempre dice: “Hay que estar en el cuero de uno para saber qué se siente y la verdad es que, por más buena voluntad que haya, ¡cómo molestan algunas palabras de aliento!”. Y le creo a mi analista.

¿Cuántos optimistas tienen la grandeza angelical y suprema de asimilar esas palabras de consuelo con tanta esperanza? A veces estoy de acuerdo con algunos personajes creados por Ray Bradbury en su libro Farenheit 451; si encontrara el guion de ese avance seguramente lo tiraría a la hoguera.

No me jodan.

“General, bienvenido a Nueva York. Mientras este aquí, le recomiendo que visite el Empire State... antes de que usted o alguno de sus primos lo derribe”.

La película El dictador interpretada por Sacha Baron Cohen como el Almirante General Aladeen, aparte de ser una comedia, se vende con este toque de humor negro universal que le guiña el ojo al espectador.

Esos destellos de sarcasmo y complicidad conforman otra de las estrategias que saben usarse en los tráilers para atrapar al espectador.

Claves para vivir la vida

Las frases de las películas que los avances destacan parecieran haber sido escritas por sabios, sociólogos, religiosos, filósofos o psicólogos. Se asemejan tanto a reflexiones profundas de vida que nos ayudarán a transitar el camino de nuestra historia personal.

Si recopiláramos los parlamentos más sabios, pícaros o docentes, tranquilamente podríamos agregarle un anexo a los consejos que Martín Fierro les dejó a sus hijos en el libro escrito por José Hernández.

–El lenguaje se desarrolló con un motivo.

–¿Comunicarse?

–¡No!,... cortejar mujeres.

La respuesta pertenece a Robin Williams en La sociedad de los poetas muertos.

“Cuando las buenas intenciones no son suficientes es cuando la vida nos demanda coraje, valentía, creatividad y un indiscutible espíritu de lucha”, se dice en Gladiador.

–La sociedad no puede existir sin la familia.

–No estamos en contra de eso.

–¿Dos hombres pueden reproducirse?

–No, pero Dios sabe que seguimos intentándolo.

(Sean Penn, en el rol de un político homosexual, y Josh Brolin dialogan en una de las escenas más recordadas de la película Milk).

“El hombre que dijo que prefería tener suerte a ser bueno sabía como era la vida”, se dice en Match point, el filme que escribió y dirigió Woody Allen.

–Creo que nos meteremos en un lío.

–Así es cuando sabes que es una aventura.

El actor Assa Butterfield invita al riesgo en La invención de Hugo Cabret.

Poder de persuasión

En poco más de dos minutos, el tráiler trata de vender lo que será una gran película. Dicen los expertos que hay ciertas reglas que deben seguirse para transformar esos instantes en una oportunidad de venta.

Empezar siempre con ritmo lento, planos amplios y de gran belleza artística. Ya habrá tiempo para la vorágine del bombardeo visual e ideológico que pronto se pondrá en marcha. Pero primero, que la enorme belleza hipnótica actúe como disparador para atrapar nuestros sentidos.

La música. Acompaña cada pausa, potencia los argumentos y se convierte en la principal arma emotiva que, manipulada inteligentemente, penetra los oídos para conmover nuestra sensibilidad.

Audiomachine es una de las empresas especializadas en realizar la mayoría de las bandas sonoras que acompañan los avances. Por ejemplo, fue la creadora de la canción Breath and Life para El origen protagonizada por Leonardo DiCaprio. Ese tema musical fue usado, luego, para el tráiler de Los agentes del destino, interpretada por Matt Damon y finalmente utilizada en el popular comercial de TyC Sports del papa Francisco alentando a los jugadores para el Mundial 2014.

El español Rafael Carbayeda, un estudioso del lenguaje audiovisual, escribió un par de reglas que son útiles y efectivas para la creación de un tráiler.

La locución. La mayoría de los tráilers usan a un narrador que nos introducirá en la historia con frases como “De lo creadores de...”, “Este invierno...” o “Próximamente...”

Aquí no importa tanto el qué dice, sino el cómo lo dice. Es una voz potente, casi susurrante, firme, como del más allá.

Elegir las mejores escenas de acción, drama y compilar los chistes más fuertes. Aquí reside muchas veces el mayor engaño. Es común que luego de ver la película que nos vendieron salgamos del cine diciendo “lo mejor estaba en el tráiler”. Y sí, pasa.

Los actores deben gritar, se les debe escuchar la voz, con sus exclamaciones tienen que transmitir el espíritu de la escena. Y hacernos parte de esa sensación.

“¡Espartanos, esta noche cenaremos en el infierno!”, arenga un enfurecido Leónidas encarnado por el actor Gerard Butler. Seamos sinceros, después de ese grito, ¿a quién no le hubiera gustado ser parte de esos 300?

“¡Pueden sacarnos la vida, pero que nunca nos saquen la libertad!”, grita Mel Gibson en Corazón valiente y uno se sale de la vaina para poder estar en ese campo de batalla junto a William Wallace.

Cerrar el tráiler con una sorpresa final. Luego de que han pasado los créditos y la fecha de estreno, hay que pegarle un puñetazo en el ojo al espectador con una escena breve, corta, pero que te sacuda el cerebro.

El objetivo de los tráilers

Al igual que la publicidad, buscan persuadir y tienen un fin comercial. Pero en el espectador, además de ser consumido por ese objetivo, estos mensajes seleccionados, muchas veces, se convierten en verdaderas piezas de propaganda que terminan seduciendo ideologías y sentimientos.

Y no está mal.

En los últimos años, los estudios de cine han delegado esa tarea a agencias de publicidad o empresas especializadas en crear avances.

El marketing del cine se ha apropiado de estas piezas a tal punto que hasta los propios directores y productores de la película han quedado excluidos de la tarea.

Por eso, hay que aclarar, para no engañarnos, que muchos de los avances que vemos en los cines conspiran contra el argumento real de la película desvirtuando la historia y vendiendo una expectativa que luego nos defrauda como espectadores.

Desmembrar una película de 100 minutos y compactarla en sólo dos es uno de los grandes trucos de la industria para vendernos, en repetidas ocasiones, un poco de humo.

Frases nacionales y populares

“El tipo puede cambiar de todo, pero hay una cosa que no puede cambiar... no puede cambiar de pasión”. Lo dice Guillermo Francella, en El secreto de sus ojos.

–Hace 60 años que estamos en las villas, ¿te parece que eso es quedarse de brazos cruzados?

–No, pero no alcanza.

–¿Qué querés? ¿qué apoyemos una toma violenta?

–Yo no digo eso, lo que digo es que nos tenemos que involucrar cada vez más. En una situación como esta, no podemos ser solamente sacerdotes.

Ricardo Darín, muy disconforme, en un fragmento de Elefante blanco.

El humor, la verdad, la broma y la típica personalidad del argentino que se las sabe todas son características que se ven reflejadas en los avances de las películas nacionales.

Para cerrar esta idea de “marca nacional”, dos ejemplos bien gráficos del ser argentino: la pasión y la desubicación.

El primero es la famosa exclamación “La puta, que vale la pena estar vivo” que Héctor Alterio vocifera en Caballos salvajes.

El segundo caso es el de las tres empanadas del político chanta que interpreta Luis Brandoni en Esperando la carroza, en diálogo con Juan Manuel Tenuta:

–Qué miseria, che, qué miseria, ¿sabés que tenían para comer?

–Empanadas.

–Tres. Me partieron el alma. Tres empanadas que le sobraron de ayer para dos personas.”

Y mientras se come una de ellas, agrega: “Dios mío, qué poco se puede hacer por la gente”.

Los tráilers son, quizá, lo más lindo que tiene la previa de una película. Cargados de pasión, emoción y persuasión, las frases que componen estos microrrelatos se han convertido en una especie de pequeño y breve apoyo moral a la ilusión que todo ser humano lleva escondida en su interior. Esas palabras mágicas son un instante de esperanza que alimentan nuestro anhelo de trascender como persona.

¡Bienvenidas sean!

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“Es una simple elección. Dedicarse a vivir... o dedicarse a morir... Es la puta verdad”. Un mensaje extraído directamente del tráiler de Sueños de libertad.