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Todos pueden tener razón

Por qué crecieron los países que crecieron, del economista Julio Sevares, editado por Edhasa. Rogelio Demarchi

28 de noviembre de 2010 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (especial)
Todos pueden tener razón

Los argentinos asistimos, desde hace un tiempo, a una compleja discusión económica que, por momentos, parece eso que vulgarmente tipificamos como una discusión de sordos. Me refiero a la polémica alrededor del crecimiento: ¿cuánto estamos creciendo por año? ¿El número que supuestamente "dibuja" el Gobierno nacional en cada Presupuesto o los números que diagnostican algunos opositores o consultores de mercado? En otro sentido, ¿por qué estamos creciendo? ¿Por las virtudes del modelo económico, lo que es decir por los aciertos de la actual gestión? ¿O por el famoso "viento de cola", lo que es decir por razones externas que operan más allá de los errores de la actual administración? Y en última instancia, ¿qué es crecer, qué mide el crecimiento del que tanto se habla? ¿Es lo más importante de la economía o deberíamos prestar atención a otra cosa?Esta semana, sin ir más lejos, dos líderes políticos hablaron del tema desde sus muy distintas posiciones. Cristina Kirchner, en la convención anual de la Cámara Argentina de la Construcción, sostuvo que "hemos crecido un 9 por ciento en los últimos 13 meses", lo que nos ubica entre "lo más alto de todo el planeta". Por su parte, Ricardo Alfonsín, al presentar su plataforma presidencial para 2011, sostuvo que "el gran desafío hoy es convertir el crecimiento en desarrollo: hemos crecido pero no nos hemos desarrollado". A ambos pareció responderles y darles la razón el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, al presentar los nuevos datos del Índice de Desarrollo Humano (IDH). En las últimas cuatro décadas, nuestro crecimiento ha sido más que modesto: en un lote de 20 países donde están, entre otros, Irlanda, España, y Uruguay, sólo hemos crecido por encima de las golpeadas ex repúblicas soviéticas porque hemos sido objeto de "experimentos económicos de consecuencias catastróficas". Sin embargo, tras la crisis de 2001-2002, nos caracterizamos por un acelerado crecimiento, propio de las economías más dinámicas.Conclusiones semejantes pueden extraerse de la lectura de Por qué crecieron los países que crecieron (Edhasa, 2010), el nuevo libro del economista Julio Sevares, que además resulta útil para definir los conceptos claves de esta discusión. Un ejemplo: "El crecimiento se refiere básicamente a la evolución de las variables económicas, mientras que el desarrollo incluye la evolución de las variables sociales y culturales".Otro: "La clave del crecimiento se encuentra en múltiples factores, que incluyen la disponibilidad de recursos, el conocimiento, el poder y la cultura", a los que cabe agregar "la intervención del Estado", subraya, "porque el crecimiento no es una creación espontánea de la naturaleza" y "no surge del simple y libre juego de las fuerzas del mercado". En consecuencia, un crecimiento económico puede verse impulsado por factores exógenos, pero sólo dará lugar a un sostenido desarrollo social si es provocado por agentes endógenos. Entonces, si unos y otros tienen razón, ¿por qué discuten en vez de buscar la manera de ponerse de acuerdo?