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“Somos una democracia de candidaturas"

El reconocido historiador y politólogo argentino Natalio Botana advierte que las Paso mostraron una configuración política menos hegemónica que hace cuatro años. Define al peronismo como un “movimiento transformista”, por su capacidad para recrearse.

24 de agosto de 2015 a las 12:01 a. m.
Gustavo Di Palma (Especial)
“Somos una democracia de candidaturas"
Botana. “El gran debate de la UCR es cómo lograr un liderazgo nacional” (Martín Baez/La Voz).

Democracia y república. Esas son las dos grandes inquietudes que atraviesan las conversaciones de Natalio Botana, dueño de un nombre y un apellido célebres en la historia contemporánea argentina, fundamentalmente en la historia de su prensa gráfica. El sobrino del famoso fundador del diario Crítica forjó una sólida trayectoria en el ámbito académico a partir de sus investigaciones sobre la construcción del Estado nacional, en las que combina elementos de la historiografía y la ciencia política.

-¿Cuáles son los riesgos del deterioro institucional que, por estos años, están sufriendo los partidos políticos en general?

–Muy grandes. Uno de los problemas importantes que tiene la democracia argentina es que se desmembró el fuerte bipartidismo con el que nació en 1983. Si sumamos el caudal de votos obtenidos por las candidaturas de Raúl Alfonsín y de Ítalo Luder, ambas abarcaron alrededor del 85 o 90 por ciento del total de los votos. Ese escenario ya no existe y en su lugar, a partir de la crisis de 2001-2002, lo que se intentó montar es un sistema de partido hegemónico basado en la rotación matrimonial, una gran invención de Néstor Kirchner. Esa situación se prolongó durante tres períodos, hoy ese impulso hegemónico se ha detenido, pero lo que no se detuvo es el desmembramiento de los partidos.

¿Cómo analiza la situación en la que se encuentra el partido más antiguo del país, la UCR? 

–El radicalismo tiene que resolver fundamentalmente su proyección como partido, que hoy expresa una profunda debilidad. Es de esperar que en la elección de octubre próximo recupere una provincia más, porque en este momento gobierna solamente Corrientes y conforma la coalición gobernante en Santa Fe junto al Partido Socialista. Ahora puede ganar Mendoza, pero como partido nacional tiene todavía escasa representación, comparable con la que tuvo en los años ’80 y ’90. En Córdoba, por ejemplo, se esperaba más del radicalismo.

¿Por dónde debe pasar la discusión en ese partido?

–El gran debate de la UCR es cómo lograr un liderazgo nacional, porque en este momento evoca más bien un partido con razonables liderazgos provinciales pero no logra tener, desde la gran crisis de 2001-2002 con De La Rúa, un liderazgo competitivo de carácter nacional para el premio mayor de la política argentina, que es la presidencia. El gran desafío del radicalismo está ahí, pero eso lleva a una gran discusión de carácter ideológico. Si hay una agrupación que en su trayectoria histórica busca compatibilizar lo popular con lo republicano, precisamente es el partido radical. A veces se inclina más por lo republicano, a veces más por lo popular, pero el radicalismo en su trayectoria histórica siempre ha planteado esa tensión y la necesidad de resolverla con soluciones prácticas. Y esas soluciones prácticas se expresan a través de liderazgos.

¿Cómo define entonces la situación actual del sistema político-partidario argentino? 

–Lo que surgió en nuestro país no es una democracia de partidos sino de candidaturas, que van apareciendo y se van formando a partir de impulsos mediáticos. Así entran en escena líderes sorpresivos como María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo. Por estos tiempos tenemos una sensación de inestabilidad muy importante en la política, de tal forma que la ciudadanía sigue apostando a los personalismos. No son grandes personalismos, pero esa sigue siendo la apuesta. Y todo este fenómeno es resultado de la desarticulación que sufrió el sistema de partidos.

¿Esto no nos lleva de alguna manera a la lucha de facciones de fines del siglo 19 y comienzos del siglo 20? 

–En alguna medida sí, pero con una diferencia muy importante. La lucha de facciones de fines del siglo 19 se daba en el marco de una escasa participación popular, mientras en esta oportunidad la lucha se da en el marco de una democracia política de alta participación. Las actuales disputas de facciones, de pequeños personalismos, originan así otro problema, que es el clientelismo, la generación de votos a través de subsidios o del empleo público. Entonces tenemos situaciones electorales como las que hubo en las Paso, que entre sus particularidades sobresalientes mostró a los oficialismos, sobre todo en las provincias más atrasadas del norte, logrando extraordinarios niveles de apoyo electoral. Eso no se advierte en la misma medida en provincias como Córdoba, Santa Fe o la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tampoco ocurrió en la propia provincia de Buenos Aires, pero es contundente en distritos como Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Tucumán, La Rioja o Catamarca. Son oficialismos que reproducen el voto a partir de una clase media de bases muy endebles, en virtud de su dependencia del empleo público. En otras palabras, no es esa clase media en el sentido histórico, aquella que depende de su esfuerzo y que va creando de esa manera el perfil de la sociedad civil.

Cuando usted habla de oficialismos, en la mayoría de los casos hacemos referencia al peronismo, que tiene una fuerte raigambre social.

–Sin dudas, pero a base de un uso electoral del Estado, que funciona en ese sentido como una máquina muy aceitada y eficiente.

¿Cómo define al peronismo entonces? 

–El peronismo tiene una característica muy interesante, que me lleva a definirlo como un movimiento transformista. Y entiendo por transformismo la capacidad de ese movimiento para dar origen a un peronismo de Perón, otro de Menem, otro de Duhalde y otro de los Kirchner. Son peronismos muy diferentes en cuanto a su definición ideológica y en cuanto a su comportamiento en los distintos contextos históricos. Pero todos esos peronismos transformistas tienen en común la idea de practicar la hegemonía y apropiarse del Estado con fines electorales. Tengo la impresión de que ahora el peronismo entra en otra etapa de transformación, encarnada eventualmente por Scioli. Pero siempre con una idea patrimonialista del Estado, es decir, asumiendo al Estado como propio, no como una organización universal al servicio de todos.

¿Se puede encontrar la salida a este escenario que describe? 

–No soy profeta, sólo puedo explicar la historia y el presente. Pero la impresión que me da el resultado de las Paso es que se produjo una configuración electoral mucho menos hegemónica que la que tuvimos hace cuatro años.

Usted también plantea inquietud por fenómenos como el de Donald Trump en Estados Unidos. Tal como están las cosas en Argentina, ¿pueden ocurrir fenómenos semejantes en nuestro país?

–Siempre pueden ocurrir fenómenos de ese tipo, caracterizados por un evidente contenido payasesco. Al caso de Trump agreguemos, por ejemplo, el de Beppe Grillo en Italia. Pero, en el caso de Estados Unidos, confío plenamente en que el Partido Republicano terminará absorbiendo al personaje y llegará a la competencia del año que viene con una candidatura más moderada. De todas maneras, eso es un síntoma de que evidentemente en sistemas de partidos muy consolidados siempre está la tentación de la fuga hacia los extremos.

Si ocurrió en Estados Unidos, porque no puede pasar en Argentina. 

–Hasta ahora en Argentina no hay signos de ese tipo. Tuvimos en Santa Fe a Miguel del Sel, si hablamos de contenidos payasescos claros, pero hasta aquí no hubo signos extremistas y eso es muy positivo.

A partir de su preocupación por la democracia y la república, ¿cómo introduce en ese punto el concepto de federalismo? 

–Yo hablo de democracia republicana, sistema en el que es fundamental el federalismo. Y actualmente no hay federalismo desde el punto de vista fiscal. Las provincias del norte, cuyos gobernantes lograron un rotundo éxito electoral, son protegidas por la permanente transferencia de fondos del Estado nacional, lo que les quita una autonomía fiscal que, en cambio, pueden esgrimir en alguna medida provincias como Mendoza, Córdoba, Santa Fe o la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Perfil

Natalio Botana es doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad de Lovaina y doctor honoris causa por la Universidad Nacional de Salta. Es miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia Nacional de la Historia. También es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Real Academia de Historia de España. Escribió numerosos libros, entre los que se destacan El orden conservador. La política argentina entre 1880 y 1916 (1974), La tradición republicana. Alberdi, Sarmiento y las ideas políticas de su tiempo (1984), Domingo Faustino Sarmiento: una aventura republicana (1996, en coautoría con Ezequiel Gallo), y Poder y hegemonía. El régimen político después de la crisis (2006).