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Sobre el suicidio

Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnett (Alfaguara, 2014).  Las preguntas vitales de una madre atravesada por la peor de las penas.

20 de abril de 2014 a las 05:44 p. m.
Sobre el suicidio
Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnett (Alfaguara, 2014). Las preguntas vitales de una madre atravesada por la peor de las penas.

A nuestra sociedad, afectada por la tasa de homicidios que generan la violencia y la inseguridad, ahora le toca enfrentar un índice más dramático: la cantidad anual de suicidios es un 50 por ciento más alto que los homicidios. Se habla poco y nada del tema, y con mucha precaución, porque el suicidio suele incitar a la imitación. Pero la reflexión es necesaria, y hay libros que pueden ayudar. La colombiana Piedad Bonnett, poeta, narradora y profesora de la Universidad de Los Andes, ha abordado el suicidio de su hijo en Lo que no tiene nombre (Alfaguara, 2014). "Daniel murió en Nueva York el sábado 14 de mayo de 2011, a la una y diez de la tarde. Acababa de cumplir veintiocho años y llevaba diez meses estudiando una maestría en la Universidad de Columbia". La prosa de Bonnett es concisa, no cae en excesos de ningún tipo. Por el contrario, conmueve en cada página. No oculta ningún dato ni se saltea ninguna de todas las etapas por las que atraviesa cualquier ser humano ante semejante pérdida de un ser querido. Primero, el desconsuelo absoluto: "Siempre vendrá quien me diga que nos queda la memoria, que nuestro hijo vive de una manera distinta dentro de nosotros, que nos consolemos con los recuerdos felices, que dejó una obra… Pero la verdadera vida es física, y lo que la muerte se lleva es un cuerpo y un rostro irrepetibles: el alma que es el cuerpo". Segundo, el registro de las distintas reacciones que uno puede observar en la familia y el entorno más cercano. Los que niegan; los que ante la sola mención de la palabra "suicidio" toman distancia, se llaman a silencio; los que aceptan, porque Fulano lo quiso así, al fin y al cabo; y los que intentan comprender, porque en cada suicidio "hay siempre un misterio, un agujero negro de incertidumbre alrededor del cual, como mariposas enloquecidas, revolotean las preguntas". Tercero, la revisión de la historia: ¿qué señales hubo en este caso?, porque ¿siempre hay señales, no hay ni una sola excepción a esta regla descripta por los especialistas? Daniel, cuenta su madre, había sufrido un trastorno esquizoide, unos años atrás, y desde entonces había estado bajo control psiquiátrico y psicológico, y había padecido un par de crisis, que cuenta con detalle. Pero nunca nadie le restringió sus movimientos ni le dijo que no podía hacer tal o cual cosa. De hecho, en una ocasión, apenas concluye una de sus crisis, sale con su propio auto a encontrarse con amigos. "¿Quién puede detener a un hombre de veintitrés años, así sea dos días después de que ha salido de una clínica de reposo?", se pregunta Bonnett. Y esa pregunta anticipa esta otra: "¿Quién puede detener a un hombre, de cualquier edad –reflexiono ahora– cuando ha decidido terminar con su vida?".Los filósofos existencialistas, que se preguntaban por el suicidio, decían que entre la pena y la nada (entiéndase la muerte), hay que saber elegir la pena. He aquí una madre, atravesada por una pena tan profunda que no tiene nombre, que escribe para hacerse preguntas vitales.