Síndrome de fin de ciclo
El jurista y sociólogo Roberto Gargarella advierte que el oficialismo no se resigna a dejar el poder. Para permanecer, está dispuesto a seguir alterando las reglas.
Roberto Gargarella tiene su oficina en el tercer piso del nuevo campus de la Universidad Di Tella, frente a la cancha de River. Doctor en Derecho y sociólogo, suena un tanto agobiado cuando se le pregunta cómo impactan en su mundo académico los tiempos electorales que ya empezaron. –La polarización no ayuda y muchas disputas llegan a un nivel personal entre gente muy cercana. Me afecta ver gente que asumí como muy comprometida con los derechos humanos y con cierta ética pública defendiendo situaciones que bajo cualquier punto de vista son injustificables, solamente por adhesión general a un gobierno. El problema es cuando se pierde la capacidad de crítica o se silencian las disidencias profundas y se termina encubriendo actos criminales o que años atrás hubiéramos repudiado juntos. Muchos vínculos personales se deterioraron por diferencias políticas. –¿Este conflicto es un signo de estas épocas? –Bueno, aquí y en otros países. Tiene que ver con la polarización, insisto. El hecho de que la oposición reúna gente interesante, pero también gente que ha estado comprometida con golpes de Estado, hace que la polarización se plantee en los peores términos. Porque los que están con el Gobierno aparecen apoyando actos corruptos y violatorios de derechos, persecutorios de poblaciones indígenas, o el pacto con empresas mineras. Y en la oposición uno queda asociado con los resabios que haya de la derecha. –¿Qué valores se juegan en las próximas elecciones? –Hay un tema importante que al kirchnerismo especialmente le gusta poner sobre la mesa. Si al Gobierno le va bien se hará un intento de permanecer en la presidencia con la actual Presidenta… –Habla de un intento por modificar la Constitución… –O de alteración de las reglas de juego para permanecer. El Gobierno está buscando ese test. Creo que hay algo de pérdida de rumbo, de percepción de final de ciclo que les asusta, sobre todo a la luz de que la Justicia ha empezado a mostrar signos de menor tolerancia con actos de gobierno irregulares. El Gobierno se ha concentrado tanto en una persona, y además ha manifestado tantas acciones irregulares, que la salida del poder se presenta como catastrófica para el núcleo gobernante principal. No tengo dudas de que habrá un intento de permanencia y que esta elección será el termómetro para ver si están dadas las condiciones. –Cuando dice "alterar reglas de juego", ¿no se refiere a una reforma constitucional? –Me parece que habrá algo más allá de eso. –¿Cómo qué? –Ya han tirado el globo de ensayo de hacer una consulta popular. Muchos de los argumentos que aparecieron en defensa de una indefendible reforma judicial son argumentos que anticipan la línea de discurso a favor de la re-reelección. El discurso de "la soberanía popular es lo primero", "todo tiene que estar regulado por la soberanía popular", ese discurso no está dedicado a la reforma judicial, sino a la re-reelección. –Pero para conseguir una re-reelección, el oficialismo debe modificar la Constitución y, para eso, requerirá mayorías especiales en el Congreso… –El oficialismo ha mostrado una capacidad infinita para saltear las reglas, sin cuidado por los mínimos formalismos. El caso de las candidaturas testimoniales fue una exageración y además le salió muy mal. Pero mostraba hasta qué punto se estaba dispuesto a burlar las reglas. –Usted ha rescatado los primeros pasos del kirchnerismo… –Me parece que es obvio y no hace falta que lo diga yo. Néstor Kirchner llega proponiendo un orden más republicano, la transversalidad, el abandono de la vieja política y del viejo peronismo, el corte con los intendentes del Conurbano, que él mismo describía como "mafiosos". Hoy la palabra "republicano" es casi un insulto. Es curioso porque lo que más se recuerda de ese primer kirchnerismo es ese primer minuto en que las medidas que tomó Kirchner no eran revolucionarias, sino republicanas, de cuidar la división de poderes, nombrar una Corte más limpia y honesta, de procesos más transparentes, todo eso era un tibio republicanismo. Pero el mismo Kirchner tira por la borda, interviene en la Justicia, pacta, y abiertamente contradice lo que en modo muy interesante había generado adhesión... –¿No cree que debe democratizarse la Justicia? –¡Por su puesto! (se para y toma un libro que lleva su nombre). Mi tesis doctoral fue sobre el carácter contra-mayoritario de la Justicia. Yo trabajé toda mi vida sobre esto. Soy un fervoroso creyente de la democratización de la Justicia. El tema es que hay medidas muy sencillas que se han adoptado en toda América latina de democratización de la Justicia, como las que facilitan el acceso de los pobres a los tribunales. Pero aquí se crean nuevas cámaras de Casación que burocratizan más; se regulan las cautelares, que han sido una herramienta de los pobres para pelear por sus derechos, la elección de los consejeros a la Magistratura, obligando a que los candidatos se relacionen con los partidos políticos… Otra vez, lo que se quiere hacer con esta medida es contrario a lo que se declama. –¿Qué objetivo tuvo el Gobierno con su propuesta de reforma judicial? –La reforma tiene varios objetivos, porque también quiere limitar la posibilidad de que los jubilados cobren sus reclamos o limitar las protestas contra los servicios públicos por medio de las cautelares. Pero el objetivo central es actuar como una amenaza para los jueces díscolos. Es un regalo enorme que este gobierno le está haciendo a futuros oficialismos autoritarios. –Usted participó de las audiencias en el Congreso en las que se discutió la reforma a la Justicia. ¿Cómo se sintió? –Me resultó espectacular porque vi varias cosas. Una es el hecho notable de que los juristas que hablábamos tuvimos menos de cinco minutos y lo hicimos en medio de los insultos del oficialismo. A mí me cortaron el micrófono. (Alberto) García Lema tenía la transcripción de las actas de la Convención Constituyente cuando se trató el Consejo de la Magistratura y no se lo quiso escuchar. Y fue muy impresionante ver cuando llegó a la sesión el documento que aparentemente habían acordado el presidente de la Corte Suprema con la presidenta de la Nación. Entonces, la diputada (Diana) Conti dijo que se iba a votar conforme con el nuevo acuerdo celebrado y los diputados oficialistas no sabían de qué se les estaba hablando. ¡Pedían a gritos una fotocopia para saber, por favor, qué cosas iban a votar! Eso lo vi con mis propios ojos. –Antes mencionó las palabras "fin de ciclo" referidas al gobierno. –Son las señales que emiten ellos mismos, que tienen que ver con esa ansiedad o desesperación que muestran por ver cómo se aseguran lo que no se pueden asegurar constitucionalmente, como es la continuidad del mandato de Cristina. Dan muestra de un tremendo desgaste. Con los gobiernos de Cristina siempre hubo esta común idea de que llegaba el momento de dar el salto cualitativo constitucional, que de algún modo Néstor Kirchner había puesto las bases para la reconstrucción material. Y lo que hubo fue un tremendo retroceso. Había certezas de que, con Cristina, gente como (Guillermo) Moreno dejaba el poder y pasaba a ocupar funciones marginales. Y sin embargo cambia el gobierno y Moreno pasa a ocupar una posición central. Los núcleos de irracionalidad pasaron a cumplir un papel central en la estructura de gobierno, y eso se nota en una diversidad de decisiones en donde se ve una gran desorientación. –El kirchnerismo dice que a su izquierda sólo está la pared. –Que alguien que quiera defender a este gobierno como progresista me explique cómo la primera ley que aprueba es la antiterrorista, mientras que la Asignación Universal por Hijo se mantiene como un decreto. Dominan las dos cámaras. Yo creo que ahí se revelan los huecos en ese famoso discurso oficial. El kirchnerismo tiene esta idea de que los problemas se solucionan tirando dinero sobre la mesa; en algunos casos haciendo negocios y en otros casos dando dinero para inversiones, como el transporte, donde se invirtieron millones de dólares. –¿No cree que existió un mejoramiento en las condiciones de vida de mucha gente y que eso explica en parte el apoyo electoral a este Gobierno? –Pero, a ver, ¿qué es lo que buscamos? Porque, digamos, Menem fue reelegido y uno puede encontrar explicaciones. La gente pasó de una situación de pura crisis económica a cierta bonanza. También se puede explicar por qué fue reelegida Cristina. Pero otra cosa es si uno quiere evaluar lo que hay. A mí lo que me interesa es no perder la capacidad crítica sobre cómo evaluamos. Luego, coyunturalmente, pueden pasar todas las elecciones que quieran, eso no va a quitar que uno tenga todas las razones del mundo para seguir criticando.

