"Sin periódicos, no hay democracia"
Miguel Ángel Bastenier tiene décadas de ejercicio periodístico, gran cantidad de clases como profesor, varios títulos en su haber académico, definiciones precisas y provocativas sobre los temas más polémicos y un sentido del humor que lo acompaña como parte inescindible de su ser y estar.
Habla de democracia; del periodismo en América latina; del pasado socializador, del presente politizado y del futuro incierto de la prensa gráfica. Invitado por la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa), en el marco de los 50 años de su fundación, Bastenier estuvo en Buenos Aires, dictó una conferencia y habló con este diario. En un recuento histórico sobre el papel del diario en la vida de los ciudadanos, Bastenier afirma que "han formado parte de nuestra vida como elementos constitutivos de ella y como elemento constitutivo de la democracia". Asegura que América latina, salvo Cuba, está adscripta a la democracia, pero con una baja densidad democrática. En este contexto, resalta sin fisuras la importancia del periodismo como parte de la organización de un Estado. "Sostengo que los diarios no deben luchar por la democracia, que son la democracia, que sin ellos no hay democracia de ninguna clase.", dice, mientras resalta la palabra "son". Y sigue: "Lo que importa es que sin democracia no hay periódicos, hay publicidad, hay propaganda, hay manipulación, pero no es periodismo", agrega. El periodista español se refirió a los dichos de la presidenta Cristina Fernández que, en agosto pasado, pidió por cadena nacional la aprobación de una ley de ética pública para los periodistas. "No sé en qué se diferencia la ética del periodista con la del bombero; ética y profesionalidad es lo mismo. La ética es de una sencillez aplastante", dice. –¿Por qué no está de acuerdo con una ley específica para el periodismo? –Es que esas leyes siempre han sido para restringir. Nunca en toda la historia de la humanidad y del periodismo ha habido jamás una ley de prensa que no fuera para limitar. Siempre afecta la libertad de expresión. Siempre. Lo peor es que (el presidente ecuatoriano Rafael) Correa en lo que dice tiene razón. Cuando ataca el establecimiento periodístico de su país, hay cosas que dice que son verdad. Pero es peor el remedio que la enfermedad. La solución que aplica es regular la libertad de expresión. Y con eso yo no voy a estar de acuerdo nunca. –Usted habló de que no sólo hay un cambio que va del periodismo gráfico al digital, sino de que, además, menos personas consumen diarios, cualquiera sea el formato. Pensando en la democracia, ¿cómo sería un país sin periódicos y sin periodismo? –Hay un peligro grave: lo que se está multiplicando es la comunicación puerta a puerta, que es legítima, yo no digo que los no periodistas no puedan trasmitirse comunicaciones informativas entre ellos, faltaría más, es legítimo. Pero bueno para la democracia, no es. La democracia exige profesionales, evidentemente demócratas, evidentemente independientes, que regulen ese tráfico, que participen. El periodista, que no todos lo son, por supuesto, es alguien que no prefiere nada, y lo que quiere es dar al lector, al usuario, el mayor grado posible de conocimiento de su sociedad. Esa es la misión del periodista. La comunicación puerta a puerta de individuos, en principio, no tiene esa calidad, esa materia prima, esa realidad. –Cuando habló de Correa, dijo que la libertad de expresión es mucho más importante que la revolución. ¿Por qué es más importante? No todos parecen estar de acuerdo. –Porque es la democracia. La revolución puede ser democrática o no. Puede ser lo que sea. Puede ser el horror soviético, las masacres y muertes por hambruna de China, puede ser el horror de Etiopía, puede ser buena, mala o regular; desgraciadamente, más bien mala o regular que buena, pero no es democracia. Hay que defender la democracia. ¿La democracia es injusta? Sí. Un gran hombre de la república española, segundo presidente de la República, dijo: "La democracia no hace al hombre feliz; le hace hombre". –¿Cómo se ve desde el exterior lo que sucede en América latina, un crecimiento de lo que muchos denominan populismo? –Yo no quiero ser frontalmente contrario porque sé que la inequidad en América latina es una vergüenza, es una vergüenza. (José Miguel) Insulza, que es Chileno, dijo a El País que América latina no es la más pobre del mundo, es la más injusta. Y eso es así. Y Cristina Fernández seguro que seria y sinceramente quiere remediar eso. Y Correa no cabe ninguna duda. Y dentro de su disparate atómico en su cabeza, (el presidente de Venezuela, Hugo) Chávez, también. Pero es preocupante. Porque en Evo es la revancha de los indígenas, en Cristina es la manipulación de muchos momentos para obtener los resultados electorales que ella quiere, y en Chávez es la regulación de la libertad de expresión como le da la gana. Pero quiero añadir algo: Argentina no va a consentir ciertas cosas. –¿Qué cosas? –Desviaciones de la línea democrática claramente culpables. Quien realmente se comporte antidemocráticamente perderá las elecciones. Cristina o quien sea. –En ese contexto, ¿qué piensa de cambiar la constitución, dentro de un proceso democrático, para lograr la reelección indefinida? –Si le da la mayoría en las Cámaras y puede hacerlo, ¿quién soy yo para llevarle la contraria al pueblo argentino? Que lo impida el pueblo argentino por medios democráticos. Yo sólo digo que Argentina no puede abandonar la senda básicamente democrática y desgraciadamente esto no lo podemos decir de otros países. –No es sólo una expresión de deseo… –Es deseo, por supuesto. Tienes razón que es deseo en gran parte. Pero, por otra, en Argentina realmente no lo concibo. –En un artículo usted hablaba del neoperonismo y decía que el cristiperonismo podía ser el nuevo chavismo del siglo 21. ¿A qué se refiere con eso? –Afortunadamente, me olvido de lo que escribo y no me releo nunca (risas). Me releo 15 veces hasta que entrego y, luego, lo abandono completamente. Chávez no se ha apartado aún del todo de la senda democrática. Es una semi democracia. Yo creo que Argentina no puede llegar a eso. Y si llega, seré yo el primer sorprendido.
El valor de América latina
Bastenier es un enamorado de América latina. La lee, la viaja, la vive, la reflexiona. Escribe sobre ella y diserta sobre ella. Y explica el por qué: "América latina es donde tenemos que estar los españoles, donde debemos dar batalla; yo soy latinoamericano; mi alma es latinoamericana".–Se enamoró de América latina.–Sí, sin dudas, sin dudas.–¿Por qué se volcó tanto a este continente?–Porque es nuestro terreno, porque es España, porque es la lengua, la lengua es lo más potente que hay. Alrededor del 40 por ciento de argentinos sois de origen italiano, pero no lo sois ya, la lengua os ha cambiado, os ha hispanizado. Los Antonelli ya no son Antonelli, son Antonez. –Lo dice en el buen sentido, no en un sentido colonial…–En el mejor de los sentidos. En el sentido de trabajar juntos, si queremos hacerlo. Yo quiero, desde luego. Y si queremos hacerlo, es un valor que tenemos ahí, es un valor gigantesco. 400 millones de latinoamericanos y españoles unidos por la lengua. –Muy poderoso.–Es poder, claro que es poder. Y por supuesto que tiene que ser en igualdad.

