Sigue siendo el mismo de siempre
Alicia Peressutti, referente de la lucha contra la trata, temió que la elección de Bergoglio como papa lo alejara de su gente, pero no fue así.
Alicia Peressutti cuenta que se largó a llorar cuando escuchó que Jorge Bergoglio, el cardenal que tanto hacía para combatir las mafias de la trata, era el nuevo papa. “Pensaba que desde ese momento iba a estar tan ocupado en cosas más importantes que ya no podríamos contar con su ayuda. Pero me equivoqué; sigue siendo el mismo amigo que está presente cuando se lo necesita”.
Peressutti conoce al ahora papa Francisco desde hace 16 años. “En esa época trabajábamos con las Adoratrices de Villa María con las víctimas de trata. Unos amigos me sugirieron que hablara con él porque era una persona abierta y nos podía ayudar. Así fue. Y ahora que esa comisión que trabajaba con las Adoratrices se convirtió en la asociación civil Vínculos en Red, sigue apoyándonos y alentándonos”.
El compromiso del Papa contra la trata es público y notorio, como también el hecho de que Francisco tiene en Peressutti a una referente valiosísima en la lucha contra las mafias.
“Cuando se fue a Roma pensé que no lo iba a volver a ver. No tenía dinero para viajar ni quería molestarlo. Por eso fue una enorme emoción cuando me invitaron a viajar para participar en el Vaticano del Primer Simposio contra la Trata y el Tráfico de Personas, organizado por la Academia Pontificia de Ciencias y la Federación de Médicos Católicos. Mucha más emoción me dio cuando me dijeron que me iba a alojar en Santa Marta, la casa donde vive el Papa”.
“Cuando llegué a Santa Marta entro a la sala y él estaba cenando. ¡Se paró para saludarme! Podría haber levantado la mano desde lejos y ya estaba. Yo no lo podía creer. Superemocionada, me senté con unos sacerdotes a los que les vi cara de latinos y quedé de espaldas al Papa. Al final de la comida estaba hablando con mis compañeros de mesa, cuando veo que todos se levantan. Yo no entendía nada, hasta que alguien me toca el hombro y me doy vuelta: era él, que me quería saludar. Me preguntó cómo me estaba recuperando del accidente que había tenido en julio; me emocioné muchísimo; esa noche no podía dormir”.
Alicia cuenta que desayunaba y almorzaba junto con otras personas que se alojaban en Santa Marta (religiosos y laicos), muy cerca del Papa, por lo que tiene más anécdotas: “Nos veíamos todos los días. Como la gente se daba cuenta de que nos conocíamos, me pedían que le preguntara si aceptaba sacarse fotos con ellos. Él me miraba y se reía, pero accedía de buen gusto. También pude asistir a una misa en Santa Marta, algo que mucha gente espera durante meses. Llegué a la ceremonia cargando varias bolsas de supermercado, porque llevaba un montón de rosarios para bendecir que me había dado gente de Argentina y otros que vivían en Santa Marta. Cuando me vio, sonrió. Me imagino que pensó: ‘Siempre igual’”.
Peressutti volverá al Vaticano en abril para participar de un simposio sobre prostitución y trata de personas, organizado por la Iglesia Católica inglesa y la Academia Pontificia, y lo hará nuevamente en julio para otra reunión similar.
“Para mí, Bergoglio es el papa de los pobres. Se relaciona con gente común, con ‘nadies’, con los Cristos rotos, como digo yo. No quiere una Iglesia de puros, de pocos. Por eso me da mucha esperanza”.
*Fundadora de la Asociación Civil Vínculos en Red.

