Revolución o democracia
Redentores. Ideas y poder en América Latina, del mejicano Enrique Krauze, cuenta las revoluciones por medio de los revolucionarios. Rogelio Demarchi.
Para América latina, en términos de ideas políticas, el siglo 20 parece haber girado alrededor de la palabra revolución, que, vista desde perspectivas muy diferentes, cobra diversos significados en distintos momentos y lugares. En Redentores. Ideas y poder en América Latina (Debate, 2011), el mejicano Enrique Krauze asume el desafío de contar la historia de esa idea a través de la vida de 12 personalidades que la han encarnado. Allí están el republicanismo de José Martí y el marxismo indoamericano de José Carlos Mariátegui; el justicialismo de Eva Perón y el guevarismo del Che Guevara; y ya en tiempos de la posmodernidad, la revolución cultural del subcomandante Marcos y el neocaudillismo de Hugo Chávez. En medio de ellos, tres escritores que ganaron el Premio Nobel de Literatura: Gabriel García Márquez, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa. Los tres nombres restantes: dos intelectuales de principios de siglo, José Enrique Rodó y José Vasconcelos, y un obispo del tramo final del siglo, Samuel Ruiz ("el experimento práctico más exitoso de la Teología de la Liberación en América Latina").Lo más polémico del libro es, sin duda, el trasfondo religioso de su título, del cual Krauze es absolutamente consciente. Por definición, el significado de redentor remite a Jesucristo, el salvador; por lo tanto, redimir es liberar a alguien de la esclavitud o el cautiverio. El redentor, entonces, es el mesías, de donde deriva mesianismo: "Confianza inmotivada o desmedida en un agente bienhechor que se espera", dice el Diccionario de la Real Academia Española. La primera justificación del título que presenta Krauze es, si se quiere, de corte cultural: "La alusión religiosa del título no es sólo metafórica, también es real. En América Latina el trasfondo religioso de la cultura católica ha permeado siempre la realidad política con sus categorías mentales y sus paradigmas morales". Esto sería producto del largo período colonial, en el que España le impuso a Latinoamérica una matriz teológico-política que otorgaba todo el poder a la Iglesia y al rey. En la práctica, a Krauze no le da mucho trabajo marcar la presencia de ese universo católico en 10 de los 12 biografiados; las excepciones son García Márquez y Vargas Llosa, "pero en ambos resulta crucial la otra encarnación de la Majestad colonial: la del monarca todopoderoso", a la que García Márquez "ha venerado, literaria y personalmente", mientras que Vargas Llosa "la ha criticado y combatido". La segunda justificación, en cambio, es política: "¿Democracia o redención? Ése es el dilema. Curada de fantasías, la moderna América Latina parece inclinada ya definitivamente hacia la democracia. Pero la nostalgia del orden perdido y la aspiración a un utópico orden futuro siguen entre nosotros". La pregunta y su respuesta encierran una descalificación, entonces, de la idea revolucionaria porque, en nuestra región, no habría sido más que una fantasía mesiánica; una peligrosa fantasía que cada tanto recobra fuerza: "Mientras haya pueblos sumidos en la pobreza y la desigualdad, aparecerán redentores que sueñen con encabezarlos y liberarlos. Ante ellos, sólo cabe oponer la insípida, la fragmentaria, la gradualista pero necesaria democracia, que ha probado ser mucho más eficaz para enfrentar esos problemas".

