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Renunciamiento en masa

El miedo a ser derrotados provoca el desbande de los supuestos precandidatos a presidente. Luis Heredia.

15 de mayo de 2011 a las 12:02 a. m.
Renunciamiento en masa

ué lejos estamos de aquellos tiempos en los que teníamos cinco presidentes por semana", rememora con los ojos humedecidos un escultor de bustos presidenciales al enterarse de una nueva deserción de un candidato opositor para las próximas presidenciales. El nostálgico tallista se refería a los días que transcurrieron entre el 21 de diciembre de 2001 y el 1º de enero de 2002, cuando tras la renuncia de Fernando de la Rúa la poltrona de Rivadavia funcionó a sillón caliente con el paso de Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde, que finalmente se quedó por unas semanas más. "Los compañeros no podemos dejar de recordar aquella semana dorada, porque éramos los únicos que teníamos trabajo garantizado en medio de la crisis. No dábamos abasto. Como eran de tamaño natural, a Duhalde hubo que hacerle un busto tipo Isla de Pascua", recuerda el titular del Sindicato Único de Escultores de Bustos Presidenciales, Juan Carlos Cincelado.En los últimos meses, en cambio, desde que Carlos Reutemann fue a boxes, de la carrera presidencial también se bajaron Mario Das Neves, Ernesto Sanz, Julio Cobos, Pino Solanas y Mauricio Macri. "Si esta sangría no se detiene, la única que se va a presentar es la Presidenta y eso implica otros cuatro años sin hacer el busto presidencial. Nos vamos a tener que rebuscar haciendo estatuas de Martín Palermo o de Cristian U", especuló el dirigente escultor.Por su parte, los asesores de estrategias de campaña también se ven preocupados, porque de seguir así van a tener que diseñar estrategias para los participantes del próximo Gran Hermano . "Se ha perdido el espíritu de la competencia electoral. En política siempre lo principal fue ganar, pero antes también importaba competir como en el '73, cuando todos se presentaron a pesar de que se sabía que Cámpora ganaba por robo", se quejan desde la Federación de Gurúes Electorales del Mercosur, cuyos afiliados también padecen las consecuencias de la deserción de candidatos. "En cuanto las encuestas empiezan a dar mal, se meten en un placard como el fantasma de la casa de Emilia Attias", agrega en portuñol Edson Robinson Amaral Faria da Costa (Dadú), ex miembro de la escola de samba Mangueira, devenido en cotizado consultor político brasileño en Argentina.A la hora de explicar el fenómeno, se menciona la concurrencia de diversas causas como el desinterés por pasar a la historia, la falta de motivación, la timidez, el miedo escénico y, sobre todo, el convencimiento de que el mundo se termina en diciembre de 2012 como asegura el calendario maya."Muchos candidatos evaluaron que no es negocio meterse de cabeza en una campaña para gobernar sólo un año. No alcanzás a acomodarte en el sillón de Rivadavia cuando viene un meteorito y se va todo al diablo", aseguró el asesor de uno de los integrantes del desbande. Sin embargo, desde el campo de la psicología se afirma que es el miedo a perder la principal razón del renunciamiento masivo de precandidatos a la presidencia. "Lo que científicamente se conoce como 'cainofobia', es decir un persistente e irracional miedo a ser vencido, se ha convertido en la más seria amenaza del sistema democrático argentino", aseguran con preocupación los psicólogos. Los especialistas sostienen que es una consecuencia lógica del proverbial exitismo argentino, uno de los componentes más cuestionados del ser nacional, y que tarde o temprano iba a generar situaciones como ésta. Como sucede con todos los trastornos fóbicos, este miedo patológico se puede superar con una acertada intervención terapéutica, que en este caso no sólo es saludable para los afectados (quienes podrían encararla de manera grupal), sino para la democracia misma.En conclusión, cuando aún no está resuelta la deserción escolar en la Argentina, el país padece un nuevo tipo de defección, la de los precandidatos a presidente. Habrá entonces que redoblar esfuerzos para corregir este problema y lograr que las elecciones presidenciales vuelvan a ser un éxito de convocatoria.