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“Reality show” fronterizo

18 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
“Reality show” fronterizo

Unos días antes, en Ciudad Hidalgo –conocida como "el lugar donde usted pone su cartera y yo pongo mi pistola"– iniciaba mi viaje junto a los migrantes. En pleno centro, pegada a la frontera guatemalteca, el mercado rebozaba de velas de colores, imágenes de santos, plantas medicinales y amuletos de la Virgen de Guadalupe (aquí convertida en protectora de los migrantes). Los puestos de comida estaban rodeados de humo; algunas mujeres con pechos semidesnudos parecían llamar a sus clientes con la audacia de la indecencia; otras afirmaban que "curan cuerpo y alma". Pocos metros más allá –pegado a la formalidad de la frontera oficial– cruzaban los "mojados", legiones provenientes de Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras. Es un submundo de "todo trampa". Y, como en muchas áreas fronterizas, hay que aprender a bailar sobre el sutil límite que separa lo legal de lo oculto. "¡Aquí, bro, si quieres sobrevivir, te tienes que hacer el loco de vez en cuando. No debes ver, porque se puede terminar muy mal!", me advirtió el remero mientras cruzábamos el río Suchiate, que oficia de frontera política entre Guatemala y México, con el magnífico telón de fondo de la desmesura de la selva subtropical entre conos volcánicos, como el Tacaná. Por debajo de este paisaje, existen infinidad de historias, de sueños, de huellas del paso de miles de seres humanos. Porque junto al río superficial corre otro, subterráneo, encajonado, marcado por tanta gente. Un río donde nunca se secan los charcos de lágrimas, sangre, sudor y muerte. En este bullicio de vida, se comprende que el mundo no está formado por abstracciones como los estados sino que está formado por personas. Y también se comprende que detrás de la máscara de la formalidad –de la frontera oficial, situada sobre un puente– donde los guardias eluden comprometerse para controlarla, donde se simula una situación como real, se oculta otra, la de los ilegales.