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Puentes discutidos

02 de enero de 2011 a las 12:02 a. m.
Puentes discutidos

La tozudez, la falta elocuente de razones para una decisión, es un gesto frente al que uno suele quedarse impotente y con los brazos caídos. Sucedió en un mediodía de julio en La Banda, frente al mítico Puente Carretero, aquel que hay que cruzar para llegar a Santiago y sobre el que, como dice la chacarera, hay que tener ojo: "No le pegue mucho al trago porque puede resfalar". El puente estaba en reparación.–No, no puedo dejarlos pasar. Tengo orden de no dejar pasar a ningún periodista.–Pero, vamos, todo el mundo pasa. ¿Por qué nosotros no podemos entrar a sacar unas fotos?Era cierto, gente con motos, bicicletas o de a pie cruzaban incesantemente el puente. Incluso, sin el menor contratiempo, ingresaban pescadores dispuestos a tirar la caña desde la baranda. Pero nosotros no. Pasó que, cuando vio la cámara, el controlador nos preguntó qué hacíamos, y frente a la palabra "periodistas" se puso a pleno en su función. Pero para que viéramos que no era una cuestión suya, habló por intercomunicador con el responsable de la seguridad en ese momento, y dejó que escucháramos cuando repetía: "No y no, periodistas no". –¿Y por qué?–Porque no.La porfía ya no valía la pena, y decidimos ni siquiera ir a hablar con el responsable, que estaba del otro lado del puente.En cambio, hubo una porfía que tuvo sentido. Ocurrió en otro puente, en el que une a Resistencia, la capital chaqueña, con Corrientes capital. Era de noche, veníamos de Resistencia, y como está prohibido detenerse, aminoramos la marcha la suficiente como para que Sergio pudiera bajar y hacer fotos desde la baranda. Al final del puente apareció el cartel que señalaba el desvío para ingresar a Corrientes, y aunque parecía demasiado abrupta la relación cartel-bajada, tomé el camino convencido. Hasta que al llegar abajo, la Policía me detuvo y me dijo que ese era el desvío para subir al puente, y que pude haber provocado una tragedia. Ahora debía esperar a los municipales: la multa sería carísimaNo había nada que hacer, el acto estaba consumado, la bajada a Corrientes estaba unos 50 metros más adelante. De todos modos, uno estaba convencido de que el error venía acompañado.–Dígame, esta confusión debe pasar a menudo ¿no?–Sí, hay mucha gente que se confunde.–Entonces es que el cartel no está muy bien ubicado.El policía casi no tuvo tiempo a encogerse de hombros cuando apareció otro auto por la bajada que era subida. "Esto se está poniendo interesante", dije para que el policía me oyera. Y más interesante aún se puso cuando los varios ocupantes del vehículo se identificaron como policías.–Nosotros estamos haciendo una investigación.–¿Y eso quiere decir que porque estén trabajando pueden tomar por cualquier lado sin que haya riesgo de una tragedia, como me dijo acá el cabo?La discusión podía haber seguido mucho más, pero de pronto irrumpió el conductor del auto policial, y sin advertir lo que estábamos hablando, le dijo al cabo: "No me diga, ¿entonces ésta no baja sino que sube?". La tesis estaba confirmada: el cartel no ayuda demasiado a los conductores.Frente a los hechos, comenzaron idas y venidas en las que el policía original hizo gestos como de que sus compañeros también serían multados. Pero seguían hablando bajito. Hasta que el cabo vino y dijo: "Si no le parece mal, lo arreglemos de este modo: no le ponemos multa a ninguno". Sergio venía bajando del puente con su máquina colgada del cuello. La noche de julio era fría y solitaria. No estábamos en condiciones de discutir mucho más. Aceptamos.