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Presente y futuro del poder

El filósofo italiano Giacomo Marramao estuvo en Córdoba. En coincidencia, llegó a las librerías su ensayo más reciente.

12 de agosto de 2013 a las 12:42 p. m.
Rogelio Demarchi (especial)
Presente y futuro del poder
En Contra el poder (FCE, 2013), Giacomo Marramao postula que podríamos estar ingresando en una “atmósfera posdemocrática”.

La semana pasada estuvo en Córdoba el filósofo italiano Giacomo Marramao (Catanzaro, 1946), a quien la Universidad Nacional le entregó el título de doctor honoris causa. En coincidencia con el acto, llegó a las librerías Contra el poder (FCE, 2013), su ensayo más reciente.

Como el título elegido puede prestarse a confusión, Marramao señala en la introducción que su objetivo “no es replantear por enésima vez una crítica al poder, sino demostrar que sólo una sobria y desencantada deconstrucción de los mecanismos de producción y de reproducción del poder a partir de contextos de experiencia concretos –arqueológicamente trabajados y narrativamente tramados– puede trazar líneas de fractura lo bastante profundas como para subvertir su lógica”. De lo que puede deducirse que su propuesta no está formulada contra el poder, sino contra cierta lógica del poder.

En ese contexto, en su primera aproximación al concepto, destaca la relación entre poder y libertad, ya que sólo considera como poder el que es ejercido sobre sujetos libres; sujetos que, por lo tanto, se someten voluntariamente, y deciden no actuar, ser pasivos.

Una segunda aproximación es generada por su lectura de la obra de Elias Canetti: “La lógica del poder parece estar constituida por dos polos: el impulso a la multiplicación y la obsesión paranoica de la supervivencia a cualquier precio”; dos polos que no son antitéticos, sino convergentes; y uno de ellos, la paranoia, además, fue definida por el propio Canetti como “una enfermedad de poder”.

En estas ideas se apoya Marramao a la hora de pensar el presente y el futuro del poder, en este mundo democrático y globalizado en el que vivimos: hay que dejar de pensar al poder, nos dice, desde un esquema distributivo –el poder como “recurso de una cantidad constante y predefinida”– y pasar a un esquema generativo, el poder visto como “una relación cuya intensidad varía con la variación de la inversión simbólica practicada en los diversos ámbitos del sistema social”.

Esto es lo que causaría problemas de legitimidad al Estado-Nación, al tiempo que abre esa nueva dimensión de lo político a la que se conoce bajo el rótulo de “glocalización” (por mezcla de lo global y lo local). Podría ser esa glocalización la que (1) puso en crisis al Estado de Bienestar y a las fuerzas políticas que lo proponían (de la socialdemocracia a los partidos de corte “nacional y popular”), y (2) favoreció el vaciamiento cultural de los partidos políticos.

“Es preciso estar ciegos para no ver que estos cambios no comprometen sólo aspectos fenoménicos, sino también los criterios guía de nuestras democracias”.

Exactamente por ello, Marramao se anima a postular que podríamos estar ingresando en una “atmósfera posdemocrática”, de alcance global, caracterizada por un neopopulismo mediático cuyo mejor ejemplo sería Silvio Berlusconi.

Para evitar ese escenario, “Europa debería jugar hoy un papel fundamental proponiendo una alternativa radical, en el terreno cultural incluso antes que en el político, a los modelos dominantes de economía y de sociedad representados por los dos colosos de nuestro tiempo global: el modelo individualista y competitivo estadounidense y el modelo jerárquico y comunitario asiático”.